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“Los extremos se tocan”. Sostienen algunos. Puede haber alguien que ame tanto, que su amor se parezca al odio; y puede haber alguien tan incrédulo que su incredulidad sea un acto de fe absoluta.
En esa perspectiva, si los extremos concuerdan, entonces toda disyunción sería un espejismo de la razón.
La idea me parece sugerente; he experimentado la teoría figurándome diferentes situaciones extremas: una persona que de lo puro ladrona sea honesta; un hombre que de lo puro macho guste de otros machos; un haragán cuyas siestas sean tales que para descansar tenga que ponerse a trabajar; una noche tan oscura que ilumine, un día tan luminoso que oscurezca, la maldad haciéndose buena; la bondad, envilecida. En fin, extremos tocándose en insospechados salones de la semejanza.
En consecuencia cuando respondo todo, en verdad no contesto nada; cuando respondo nada, en verdad, estoy diciéndolo todo. Si tuviera que escoger entre ambos, siempre tendría que escoger a ambos. Si tuviera que renunciar a algo, estaría aceptándolo todo.
Más allá la sugerencia, a la larga, implicaría la simple negación no solamente de la disyunción sino también de la conjunción, podría ser que efectivamente, los opuestos sean coordinados aspectos de una realidad más grande y por lo tanto todas las luchas, sean falsas luchas; todas las contradicciones, falsas contradicciones; todas las guerras, falsas guerras… ya que simplemente serían solamente una cara de la moneda. Todo estaría fundido en un solo vínculo más grande, tal vez la historia, tal vez un cuadro… tal vez en el pensamiento de un ser… pero también podría ser todo lo contrario…
Podría ser que como efecto de estas enredadas falacias, entonces, todo lo dicho aquí sea verdadero y por lo tanto no sean falacias, o podría ser que siendo tan ciertas, resultaran falsos absurdos…
Desorbitada elección la que podría esperarnos o desorbitada elección la que podría no esperarnos.
Todo o nada, como dijimos al principio, podría ser realmente todo o podría ser realmente nada, pero podría ser también, todo lo contrario.

Roberto Pável
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Pisco Peruano

La semana pasada he escuchado hasta el cansancio el tema que ha sacudido las conciencias patrióticas de la nación:

¡Chile nos ha robado el Pisco…! ¡El Pisco es peruano!

Veamos el asunto con sangre fría:

Primero: Según un artículo publicado por el Instituto de la Libre Empresa la salida de peruanos hacia otros países ha llegado a la cifra record de 1,164 personas diarias en el año 2005.

Segundo: He conocido a más de un peruano que ha buscado la adopción, el matrimonio, y hasta la circuncisión con la finalidad de obtener una nacionalidad distinta.

Tercero: Vargas Llosa es español.

Cuarto: Vallejo dijo: “me moriré en París”, jamás dijo me moriré en “Santiago de Chuco”, ni en el Callao o la Huacachina.

Quinto: El único que ha hecho bochinche por perder la nacionalidad peruana, ha sido Baruch Ivcher, que es judío.

Sexto: Ayer a través de la magia de la internet encontré a un primo mío, gran amigo, brillante intelectual, además de jugador formidable de ajedrez, con quien sostuve una breve y productiva conversación cuyo tema podría titular: “Al fin llegué a la civilización”, mi primo obviamente no estaba en el Perú, estaba disfrutando del buen trato, los modales civilizados y la atmósfera segura de Santiago de Chile.

Por estás consideraciones, para mi el tema del Pisco peruano es asunto del perro del hortelano. Pienso que si el pisco pudiera, estaría festejando haber obtenido la nacionalidad chilena, y en estos momentos buscaría el modo de llevarse a sus familiares. Pienso que el Suspiro a la Limeña, si pudiera, estaría envidiando la buena fortuna del Pisco, y pienso que todos aquellos que ahora gritan con furia acerca de la peruanidad del Pisco, saltarían en un pata si pudieran hoy mismo dejar el Perú con un pasaporte azul o al menos una green card.

“El Pisco es peruano”, gritan hacia la calle… “pero ojalá yo no lo fuera”, es lo que se guardan en el corazón.

Roberto Pável

Aclaración contextual: La versión de que Chile había nacionalizado el pisco fue el tema de cuanto medio “desinformativo” existe en el Perú, programas radiales, noticieros, etc; así que el artículo ha sido escrito no desde la perspectiva de la disputa del pisco y del texto de las resoluciones emitidas al respecto, sino desde la perspectiva de las vulgares y desinformados chismes divulgados la semana pasada.
Todo el mundo sabe que el Pisco es peruano.

Parecía el final perfecto. Una película de Hollywood. La leyenda que está cansada de su camino y decide retirarse logrando una hazaña que se recordaría para siempre.
Zinedine Zidane, nació el 23 de Junio de 1972, el mismo día que mi esposa y un año antes que yo. Era mi “promoción”. Por eso, talvez, se le podía percibir más cercano. Y el que pudiera salir del fútbol con la copa del mundo en las manos, justo antes de su retiro parecía ser Hollywood en vivo: el sueño americano en Europa.
Zinedine juega un partido para el recuerdo frente a Brasil, lo que motivó que el final glorioso con la copa y todo lo demás se hiciera verosímil y terrenal. Los días previos la gente especulaba y se hacían apuestas en donde barbas y pelucas se ponían en juego.
Finalmente llegó el partido del destino, sonó la Marsellesa, la pelota rueda y pasan cuarenta y cinco minutos sin el gol esperado. Luego de todo eso, Zidane lanza un soberbio cabezaso contra el arco de Italia, luego lanza otro soberbio cabezaso contra el estomago de este italiano cuyo nombre me importa un comino, y al hacerlo le lanza un cabezaso a la historia que pudo haber sido, al corazón de los hinchas, a las barbas del tío Carlos, y a la peluca de mi amigo Francisco. Tarjeta roja, y el final a lo Hollywood se vuelve una película de bajo presupuesto.
Diciéndolo de otro modo, lo que parecía una presentación épica hollywoodencie terminó como las más hiper realista película francesa.
Roberto Pável

Cuando recién salidito de la universidad iba a la oficina de mi primo Martín, era muy importante para mí, la opinión que mis posibles clientes tendrían acerca de mi persona. Me ponía corbata con un nudo Oxford, y debía haber una perfecta combinación de color entre la correa, los zapatos , la camisa, el saco, los lapiceros, las medias y los calzoncillos.
Luego de algún tiempo llegué a la conclusión de que mis calidades personales no iban en función del color de mis medias, así que decidí ir ala oficina del modo más cómodo posible, en verano: bermudas y sandalias. En invierno: Jeans y gorrito de lana.
El primer paso en el camino de la libertad es el autoconocimiento: Sabiendo quién soy no importaba lo que me iba a poner encima. Sin embargo en ciertas ocasiones, cuando debía dar clases o cuando tenía una audiencia no podía aplicar la misma regla de comodidad casera. He optado por desempolvar los sacos y las corbatas. El punto es que está bien saber quién soy, pero esa verdad no me hace olvidar dónde estoy. Una cosa es que por haber rebasado el límite del complejo me ponga sandalias para trabajar en mi oficina, y otro que por ausencia de sentido común me presente con facha de recién salido de la cárcel a dar un informe oral ante la Sala Laboral.
El que no te importe lo que piense el resto en lo relativo a tu vida privada es una liberación de complejos, el que no sepas ubicarte en la situación y en la circunstancia es una muestra de desadaptación. Verbi Gratia:
El futbolista que usa zapatillas Umbro, shorts Umbro y polos Umbro durante el día. Bacán. Es su estilo. Pero si se pone el uniforme del Alianza en el velorio de Papá, y el uniforme de Argentina el día del entierro: Desadaptado.
El reggetonero que va hecho un Mario Barakus a sus clases en la universidad. Bacán, es estilo. Pero si el día de su examen de Grado llega convertido en Dady Yankee: Desadaptado.

Roberto Pável
Jáuregui Zavaleta