Parecía el final perfecto. Una película de Hollywood. La leyenda que está cansada de su camino y decide retirarse logrando una hazaña que se recordaría para siempre.
Zinedine Zidane, nació el 23 de Junio de 1972, el mismo día que mi esposa y un año antes que yo. Era mi “promoción”. Por eso, talvez, se le podía percibir más cercano. Y el que pudiera salir del fútbol con la copa del mundo en las manos, justo antes de su retiro parecía ser Hollywood en vivo: el sueño americano en Europa.
Zinedine juega un partido para el recuerdo frente a Brasil, lo que motivó que el final glorioso con la copa y todo lo demás se hiciera verosímil y terrenal. Los días previos la gente especulaba y se hacían apuestas en donde barbas y pelucas se ponían en juego.
Finalmente llegó el partido del destino, sonó la Marsellesa, la pelota rueda y pasan cuarenta y cinco minutos sin el gol esperado. Luego de todo eso, Zidane lanza un soberbio cabezaso contra el arco de Italia, luego lanza otro soberbio cabezaso contra el estomago de este italiano cuyo nombre me importa un comino, y al hacerlo le lanza un cabezaso a la historia que pudo haber sido, al corazón de los hinchas, a las barbas del tío Carlos, y a la peluca de mi amigo Francisco. Tarjeta roja, y el final a lo Hollywood se vuelve una película de bajo presupuesto.
Diciéndolo de otro modo, lo que parecía una presentación épica hollywoodencie terminó como las más hiper realista película francesa.
Roberto Pável