“Los extremos se tocan”. Sostienen algunos. Puede haber alguien que ame tanto, que su amor se parezca al odio; y puede haber alguien tan incrédulo que su incredulidad sea un acto de fe absoluta.
En esa perspectiva, si los extremos concuerdan, entonces toda disyunción sería un espejismo de la razón.
La idea me parece sugerente; he experimentado la teoría figurándome diferentes situaciones extremas: una persona que de lo puro ladrona sea honesta; un hombre que de lo puro macho guste de otros machos; un haragán cuyas siestas sean tales que para descansar tenga que ponerse a trabajar; una noche tan oscura que ilumine, un día tan luminoso que oscurezca, la maldad haciéndose buena; la bondad, envilecida. En fin, extremos tocándose en insospechados salones de la semejanza.
En consecuencia cuando respondo todo, en verdad no contesto nada; cuando respondo nada, en verdad, estoy diciéndolo todo. Si tuviera que escoger entre ambos, siempre tendría que escoger a ambos. Si tuviera que renunciar a algo, estaría aceptándolo todo.
Más allá la sugerencia, a la larga, implicaría la simple negación no solamente de la disyunción sino también de la conjunción, podría ser que efectivamente, los opuestos sean coordinados aspectos de una realidad más grande y por lo tanto todas las luchas, sean falsas luchas; todas las contradicciones, falsas contradicciones; todas las guerras, falsas guerras… ya que simplemente serían solamente una cara de la moneda. Todo estaría fundido en un solo vínculo más grande, tal vez la historia, tal vez un cuadro… tal vez en el pensamiento de un ser… pero también podría ser todo lo contrario…
Podría ser que como efecto de estas enredadas falacias, entonces, todo lo dicho aquí sea verdadero y por lo tanto no sean falacias, o podría ser que siendo tan ciertas, resultaran falsos absurdos…
Desorbitada elección la que podría esperarnos o desorbitada elección la que podría no esperarnos.
Todo o nada, como dijimos al principio, podría ser realmente todo o podría ser realmente nada, pero podría ser también, todo lo contrario.

Roberto Pável