“La Guerra y la Paz” (1869) es una novela imprescindible. Traducida y publicada a los idiomas más extendidos, esconde entre sus páginas una sólida y “escalofriante” concepción de la historia.

Particularmente, discrepo con aquellos que pretenden reducir el libro a un simple fresco de la vida rusa ente 1805 y 1815. En el libro aparecen más de quinientos personajes claramente definidos, no para retratar un momento de la historia rusa, Tolstoi en verdad quiere reproducir y demostrar los principios que rigen la historia en general. No es un libro sobre la Guerra de 1812, el tema del libro es la historia y la libertad.

No es una simple novela. Es una “parábola” literaria y épica de una teoría sobrecogedora. Tolstoi pretende ilustrar la relación de identidad ente el determinismo histórico y el mito de la libertad individual.

La historia, según su pensamiento, no es el producto de la voluntad de los gobernantes ni de la voluntad de un individuo. El liderazgo, desde esa perspectiva, es un espejismo. El hombre sin excepción está cautivo de sus circunstancias, y es tanto más prisionero cuanto más poder suponga tener.

De ese modo, para Tolstoi, Napoleón no tuvo la idea de invadir Rusia, Napoleón fue arrastrado por una fuerza superior hacia un destino más allá de todo cálculo. Él, como los demás combatientes, como el resto de sus personajes viven las vidas que están determinados a vivir, sin poder sustraerse a su destino.

Los hombres, según Tolstoi, están condicionados por sus limitaciones temporales y espaciales. Caminan y ven del modo que les permiten sus cuerpos y sus propios pensamientos. Toda “elección”, en verdad, es una aparente elección. Hasta en las decisiones más sencillas están ausentes las opciones. Decidimos hacer lo único que realmente podemos hacer. Nuestras circunstancias objetivas y subjetivas determinan nuestra vida, simplemente.

La libertad no existe. Tolstoi compara la sensación de libertad con la percepción que tenemos de la Tierra. Sabemos que el planeta es curvo y que está en continuo movimiento. Sin embargo lo percibimos plano y quieto. La aparente forma y quietud del suelo es solamente una ilusión que hace posible nuestra vida. Del mismo modo, nuestra facultad de elegir es solamente una ilusión que nos ayuda a permanecer con vida.

Si el hombre, como dice Tolstoi, es un ser determinado, entonces escribí este artículo no como un acto libre, lo escribí porque no podía ser de otro modo. De la misma manera, no escogiste leerlo, lo leíste porque esa era la única elección real que tuviste. Si somos juguetes de las circunstancias, hojas de otoño que el viento lleva; si Tolstoi tiene la razón; entonces la libertad sería el gran autoengaño de la especie humana.

R. Pável Jáuregui Z.

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