Lógicamente el ateismo y el teismo son cuestiones de fe. Digo lógicamente debido a que, según las reglas de la lógica, no se puede descartar la existencia de Dios por la imposibilidad científica de su demostración, así como tampoco es posible afirmarla usando como prueba la imposibilidad de demostrar su inexistencia.

Ante ese estado de limitaciones probatorias, decir que Dios existe o decir que Dios no existe se reduce a una cuestión de “aficiones”. Quien afirma la existencia de Dios y quien la niega, en realidad, no afirma ni niega algo sobre Dios, solamente afirma una “simple” creencia. De modo que tanto la religión como la ausencia de religión tienen un origen común: la fe.

Considero que el ateismo es una necedad en general. Sin embargo, de todas las formas de ateismo que he encontrado, la más estrafalaria e irracional, es aquella que tiene su punto de partida en Nietzsche y la alucinada teoría del superhombre.

“Dios ha muerto” y “el superhombre”; “el hombre es, al fin y al cabo, su propio dios” son frases comunes en ese enfoque. Cuando un ateo dice que Dios no existe, se funda en la falta de evidencia empírica. Dios, al ser excluido como objeto de ciencia, queda excluido también de la lista atea de cosas existentes. Por mi parte, tendría reservas en creer en un Dios susceptible de ser objeto científico, claro que eso preocupa poco al reflexivo ateo, a él únicamente le interesa dejar en claro que sostener una fe en Dios es irracional debido a que no hay evidencia científica.

Sin embargo olvida aplicar el mismo criterio cuando se trata de analizar el mito del superhombre. Basta con leer los periódicos para descubrir que la idea del superhombre no tiene ninguna evidencia empírica. La historia del hombre es una historia cruel de voracidad y ambición. Nadie ha escapado a la verdad de su propia corrupción, no hay hombre que no haya sido atacado por la vanidad, el rencor, la envidia, la codicia o el egoísmo. Esos mismos ateos, devotos del superhombre, son criaturas atrapadas en sus propios vicios de hombres vulgares y corrientes.

Hace unos años César Hildebrant presentó un reportaje a un grupo de ateos selectos, uno de los argumentos mencionados contra la existencia de Dios decía más o menos así:

“Yo no puedo creer en Dios, porque si Dios existiera no permitiría este mundo de mierda”

Lo interesante es que ese argumento contra Dios, viene al “superhombre” como anillo al dedo, ya que si el mundo es un “mundo de mierda”, lo es gracias a la actividad humana. Es el hombre el encargado, cada día, de darle ese acento fecal a la existencia. Es él quien te roba, quien te pide coimas, quien se copia en los exámenes, quien falsifica documentos para obtener visas, quien ha desatado las persecuciones religiosas, quien ha emprendido todas las guerras; quien fabrica bombas, quien invade países, quien destroza la vida, quien no paga salarios, quien evade tributos, quien engaña, quien deja hijos sin reconocer, quien mantiene las cárceles llenas y los orfanatos sin abasto, y quien anda buscando hacer más grandes sus particulares beneficios…

No, no puedo creer en el superhombre por la misma razón que los ateos niegan a Dios, porque si el superhombre fuera posible, no existiría este “mundo de mierda”.

Fe racional o fe irracional, a eso se reduce la cuestión. ¿Qué es más racional, creer en Dios o creer en el Superhombre?

Para algunos lo racional es decir que Dios ha muerto y seguir el autoengaño del superhombre, lo que en realidad es un pretexto para hacer cuanto deseen abandonando el último freno de la conciencia (los Nazis partieron de la misma idea). Para mi lo racional es reconocer que el hombre ha muerto, que cada día vemos sus cadáveres viviendo falsas vidas, llevando su podredumbre donde quiera que esparcen sus pisadas; para mi lo racional es, al fin y al cabo, buscar a Dios mientras puede ser hallado.

Roberto Pável

Jáuregui Zavaleta
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