Don Benedicto XVI, vicario absoluto, Sumo Pontífice, Jefe de Gobierno y conocedor profundo de la historia universal, se deja llevar por el alma provocadora del claustro universitario y cita a un emperador bizantino (Manuel II Paleólogo), reflexionando sobre los dudosos aportes de Mahoma a la humanidad en los siguientes términos:

“…solamente cosas malvadas e inhumanas, como su directiva de difundir por medio de la espada la fe que él predicaba…”

Los musulmanes, alcaedas y demás balnearios, se sienten naturalmente ofendidos, porque como todos sabemos, no hay cosa que ofenda más que la verdad. Caramba, decir esas cosas del Islam, Alá y mahoma, su profeta; era ofensa y de las serias. Seguramente sus pacíficas almas habrán pensando, “¿Qué nosotros hemos hecho cosas malvadas e inhumanas?… si solamente quemamos la biblioteca de Alenjandría, invadimos el norte de África, España, Asia menor, Constantinopla, secuestramos a los atletas israelíes, hicimos travesuras en un tren en Espala… ah! ¡Y nos bajamos las Torres Gemelas!”

Es comprensible la indignación del pueblo musulmán, expresarse de ese modo del Islam era tan ruin y calumnioso como hablar mal del mismo Gandhi (que no era musulmán, pero seguro tan pacífico como Mahoma). Supongo que en ese momento habrán pensado: “¡Hey! ¿Qué es lo que un pueblo pacífico y devoto como nosotros haría frente a un ataque de esta naturaleza? ¿Qué es lo que Gandhi, Buda, o Jesucristo habrían hecho en esta situación?”… Y zas, 16 iglesias católicas quemadas y una religiosa voluntaria muerta han ayudado a la humanidad a entender que Manuelito II alias Paleólogo está completamente “pasado de moda”.

Como vemos, las cosas están claras… excepto por una cosa. Si don Benedicto XVI , don Manuel II y demás números han dicho la verdad, ¿porqué disculparse? Decir la verdad le costó la cabeza a Juan el Bautista, malos ratos a Jeremías, una muerte doloras a Isaías, el martirio a Esteban, no recuerdo que ninguno jamás se haya disculpado por decir lo que tenia que decir.

Pável Jáuregui