El día de ayer (08 de noviembre del 2006); el buen Hugo Chávez, en uno de sus acostumbrados exabruptos anunció la proscripción de Papá Noel, los árboles de pino, los bastoncitos dulces, la nieve ficticia, trineos, renos con nombre propio y demás parafernalia navideña. Las razones de la prohibición tienen que ver más con el aniquilamiento de los símbolos imperialistas (obviamente) que con la ortodoxia cristiana.

La medida permite varias lecturas:

Primera: Hugo Chávez supone que el poder político incluye la facultad de normar el modo en que los ciudadanos deben sentir y vivir sus tradiciones y religión. Tal atrevimiento establece el innegable parentesco de la llamada “Revolución” Venezolana con todos los sistemas de gobierno totalitarios y represivos que han existido a través de la historia incluyendo las monarquías absolutas europeas, la inquisición, el Papado, los Nazis, el Comunismo, etc. etc. Desde esta perspectiva, el único con derecho a sentir y a creer libremente es quien detenta el poder, todos los demás deberán adecuar no solamente sus conductas al imperio de la ley; sino también, sus creencias y sentimientos. En otras palabras, su mundo subjetivo e interno, aquél espacio del espíritu que es esencialmente libre, deberá quedar sometido a las convicciones del líder infalible e iluminado. Tal postura es una aberración insoportable.

Segunda: Hugo Chávez está convencido que el poder político le permitirá aislar a Venezuela del sincretismo simbólico del mundo globalizado. Me sorprende que un hombre tan aficionado a los medios, haya pasado por alto que la tecnología que nos rodea, como or ejemplo la internet, nos aproxima y acerca a múltiples culturas, en donde la diversidad y complejidad de los intercambios están produciendo una manera de pensar sincrética; este blog por ejemplo, también es leído en Venezuela ¿Realmente cree que prohibiendo a Papá Noel dará un duro golpe al imperialismo? Tal postura es de una estupidez memorable.

Tercera: Hugo Chávez que declara la guerra a los arbolitos de pino del imperialismo, sigue vendiendo el petróleo que mueven los ejércitos del imperialismo. Esta última postura es de un cinismo difícil de adjetivar.

Por otro lado, todo este asunto de la lucha emprendida por don Hugo contra el imperialismo para proteger las libertades venezolanas, que hoy en día no son muchas, dicho sea de paso; me hizo recordar a John Stott cuando acertadamente puntualizaba sobre el tema la libertad:

“… el asunto de la libertad muchas veces se entiende mal. Incluso los que más fuerte y sostenidamente vociferan acerca de la libertad no siempre se han detenido a analizar de qué están hablando. Un ejemplo notable lo constituye el orador marxista que estaba expresándose elocuentemente en una esquina acerca de la libertad que todos disfrutaríamos después de la revolución.

– Cuando obtengamos la libertad – exclamó – todos ustedes podrán fumar cigarros como ese – señalando a un caballero rico que pasaba.

– Prefiero mi cigarrillo – gritó un provocador.

– Cuando obtengamos la libertad – prosiguió el marxista, haciendo caso omiso de la interrupción, a la vez que se entusiasmaba con el tema – podrán conducir automóviles como ese – señalando un lujoso Mercedes que pasaba.

– Prefiero mi bicicleta – gritó el provocador.

Y así continuó el diálogo hasta que el marxista ya no pudo tolerar más al atormentador. Volviéndose hacia él, le dijo:

– Cuando consigamos la libertad, usted hará lo que se le diga.”

Curiosa paradoja resultante, la de perder la libertad en nombre de la libertad.

Roberto Pável

Jáuregui Zavaleta