Hace unos días veía un nuevo comercial de cerveza:

A una isla llena de chicas bonitas, con bikinis que del solo recordarlos hacen sonreír, llega un hombre de corbata, navegando en una cabina agobiante y estrecha.

Ese hombre oprimido, habitante del mundo de las reglas, de la puntualidad y del semáforo; al haber llegado a la isla de la espontaneidad, de la libertad, de la ausencia de reglas, de las chicas de bikini jugando voley en la playa, de los cuerpos perfectos, de la cerveza… en fin; al haber conocido que el secreto de la felicidad radica en aflojarse la corbata y mandar al diablo las normas; ese hombre, ahora “liberado”, debe llevar de regreso a nuestro mundo (que situacional e históricamente coincide con el Perú) la cultura de la “espontaneidad” en una botella de cerveza.

No se puede pedir rigor filosófico a un “creativo” de la publicidad. Pero al menos debería mostrar un poco de sentido común:

¿Realmente necesitamos más “espontaneidad” en el Perú?

Salgan a manejar un rato, disfruten de nuestro “espontáneo” tránsito y luego respondan la pregunta.

Roberto Pável
Jáuregui Zavaleta