El liderazgo es un hecho inevitable; siembre tendremos líderes, por lo que, el punto crucial en este asunto no será tanto “encontrar” un líder, como “escoger” al mejor.

Hace años leí una comparación muy interesante que puede ilustrar esta idea. Alejandro Magno fue un líder asombroso, hijo del rey Filipo, tuvo por maestro a Aristóteles, conquistó un imperio que abarcaba Grecia, Asia, Egipto y la parte norte de India. Sin embargo, al morir, su imperio se deshizo. Jesucristo, en cambio, fue hijo de un carpintero, nunca fue a una escuela famosa, y creo que nunca fue a una, su ejército se limitó a doce hombres sin mayor educación, y su vida y muerte ha influenciado la historia humana como la de ningún otro hombre. Es interesante que ambos líderes murieran a la edad de 33 años.

La conclusión de la historia resulta evidente: hay quienes buscan ser líderes por amor al poder; y hay quienes buscan ser líderes por amor al prójimo. La moraleja tampoco queda oculta: hay quienes buscan líderes en quienes saben mandar; creo, es más sabio, buscar guías en aquellos que saben servir.

Roberto Pável
Jáuregui Zavaleta