“Bush admitió que se equivocó” decía un titular de yahoo news semanas atrás.

Lo sorprendente de la noticia no era que admitiera un error. Tampoco el tiempo que le había tomado reconocer una equivocación. Lo alucinante radicaba en la naturaleza de la equivocación… ¿Reconocería que se equivocó en cuanto a las armas de destrucción masiva? ¿Que atacó Irak sin que este país significara una amenaza real? ¿Que expuso la vida de propios y extraños sin motivo ni agresión previa? ¿Reconocería violaciones de derechos humanos contra prisioneros iraquíes? ¿Que los iraquíes, después de todo, no están muy felices con la libertad que les ofrece?

Nada de eso.

Se han enviado (en números redondos) 130,000 soldados norteamericanos a Irak. Pues bien, Bush ha reconocido su error… debió enviar 151,000.

Lo perturbador de todo este asunto, es que luego de decenas de miles de muertos, de la destrucción causada, de los intereses ocultos; más allá de las consideraciones éticas, ideológicas, religiosas, culturales o políticas, todo se reduzca a un simple error de matemática.

Roberto Pável

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