La libertad absoluta es una ilusión.

Esa facultad de hacer elecciones tiene barreras insalvables para la voluntad. En principio, está la limitación de nuestro cuerpo y las leyes de la física. En segundo lugar, resulta innegable que existen, además, barreras sociales: normas y costumbres que dirigen nuestros actos y obligan nuestra voluntad.

Si entendemos la libertad como poder hacer; tendremos como resultado, que el hombre más libre tendría que ser el más poderoso. De ese modo, quien tuviera el poder absoluto, sería, a la vez, libre absolutamente.

El problema es que, como lo mencionó Lord Acton, el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente. El silogismo concluiría considerando que un hombre verdaderamente libre sería a la vez un hombre verdaderamente corrupto; y la vieja ecuación entre libertad y corrupción a lo Hobbes encontraría una explicación lógica; al mismo tiempo, que los defensores de los totalitarismos tendrían una justificación racional.

Esto, como se ve, es solamente otra falacia:

Poder escoger, es solamente una libertad ilusoria. Poder escoger y escoger lo correcto, eso es lo que hace a un hombre verdaderamente libre.

Roberto Pável

Comunidad Literaria Daedalus