La poesía no es pasión, la poesía no es alegría, ni dolor. La poesía no es pobreza ni riqueza, no es pensamiento ni religión. La poesía no es ni movimiento ni trueno. La poesía es simplemente forma.
El arte está regido de manera absoluta por la forma. Lo estético es lo único que importa. Es posible tener poesía sin filosofía, del mismo modo que se puede tener pintura sin realismo… pero lo que no se puede hacer es poesía sin estética o pintura sin noción del buen gusto.

Las personas que ven en la poesía algo más que el reino de la forma, parten de una idea pobre de lo estético, para ellos la belleza es una cuestión superficial. Tienen la idea de que lo importante es únicamente lo racional, o lo social o lo religioso, o lo cotidiano. Procurar un concepto estético en el arte, para ellos, es simplemente la creación de un “artículo de decoración”.

El resultado de esa manera de enfocar las cosas, es la creación de piezas “literarias” que al ser juzgadas por lo literario, citando a don Ricardo Palma, son más pobres que la carracuca. La razón: al buscar darle un contenido “más elevado” al arte, terminan produciendo catárticas cacofonías cuyo valor literario está, en algunas ocasiones, por debajo del lenguaje común. A la larga no habría diferencia entre un poema y un recetario de cocina o una prescripción médica.

La justificación dada por algunos de esa poesía sin rigor, sin forma estética, está en las emociones. Sus autores y sus amigos, se sienten emocionados por la expresión de emociones; sin embargo expresar emociones no significa manifestación artística. Cualquiera puede expresar una emoción y sentirse conmovido, sin que ello signifique hacer poesía. Del mismo modo en que los filósofos pueden construir sus sistemas sin que necesariamente crear poesía.

La poesía es forma. No es más, pero tampoco es menos. La expresión estética es una necesidad del hombre. El ser humano la necesita como el aire o como la razón. Solamente cuando es la estética la que justifica el ser de lo creado, sólo en ese momento, estaremos frente a una creación que justifique el adjetivo “artística”.

Roberto Pável