María Luisa Palomino en la página de Reuters, refiere que Alan García Pérez, en cuanto al tema de la coca, le habría dicho a Luis Alva lo siguiente:

“…Hay que terminar con la última poza de maceración y el último aeropuerto, use usted los aviones A37, bombardee y ametralle esos aeropuertos, esas pozas de maceración,…”

La frase ha tenido, como ocurre en estos casos, partidarios y detractores. Unos ven en el gesto la demostración de un pulso viril; otros, como Fernando Rospigliosi han apuntado a las arrugas: por ejemplo; el hecho obvio de que la policía carece de bombarderos; y si los tuviera, los afectados, como siempre, serían niños y gente cuyo delito más terrible habría sido nacer pobre, peruana y rural.

Técnicamente yo debo estar entre los detractores. Parece que el gesto de Alan García se debe a que nuevamente, y peligrosamente, ha abandonado las prescripciones médicas (ustedes entienden) y los viejos delirios comienzan a rondar su coronilla.

Creo que hay algo más en eso de ordenar bombardeos aéreos a la policía, que como ya se dijo, no tiene aviones para bombardear (salvo que el bombardeo se haga arrojando bombas de agua desde los rochabuses del primer régimen). Como se aprecia la orden de AGP tiene el brillo de la arenga, el germen del balconazo; el aroma populachero, el timbre de la fanfarria; el toque de lo impulsivo… sin embargo, un poquito de reflexión previa, nunca está demás cuando se trata de los nunca poco complejos problemas nacionales.

Queda en el fondo la cuestión de si esto es parte de un plan de Estado, o parte del estado en el que estamos plantados.

Roberto Pável
Jáuregui Zavaleta

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