Las elecciones del príncipe…


Giampietri, Alberto Pandolfi, Del Castillo, APRA, interpelación; son términos que se vienen manejando desde hace algunos días. La historia a la que dan vida, parece titular de serie de acción o telenovela mejicana: Un vicepresidente fujimorista, un ministro que firma sin leer, un hombre inhabilitado, una constitución ultrajada (por enésima vez).

Las maneras como se aborda el asunto son distintas. No vale la pena repetir lo que ya se ha dicho.

Sin embargo, convendría que los miembros del gobierno, repasaran algunos clásicos en materia de ciencias políticas… creo que un poco menos del anticuado Haya de la Torre y un poco más del todavía vigente Maquiavelo hubiera ayudado a evitar algunas molestias innecesarias. Para muestra un botón:

“No es de poca importancia para un príncipe la elección de los ministros, los cuales son buenos o no según la prudencia del príncipe. La primera conjetura que se hace sobre el talento de un príncipe es ver los hombre que tiene alrededor; cuando son suficientes y fieles, siempre se le puede considerar inteligente, porque ha sabido conocerlos bastante bien y mantenerlos fieles; pero, cuando sean de otro modo, siempre se puede formar sobre él un juicio poco favorable: pues el primer error que comete, lo comete en esta elección. No había nadie que conociera Antonio de Venafro, ministro de Pandolfo Petrucci, príncipe de Siena, que no juzgara que Pandolfo era un hombre prudentísimo, por haber tomado a aquél por ministro” [1]

La cita resulta tan pertinente como esta otra:

“Hay tres especies de cerebros: unos entienden por sí mismos, los segundos disciernen lo que otros entienden, y los terceros no entienden ni por sí mismos ni por otros; los primeros son excelentísimos, los segundos excelentes, los terceros inútiles…” [2]

Resulta claro que hay una proporción directa entre la aptitud para gobernar y la designación de los que han de participar del gobierno. La cuestión es que esta misma proporción puede ser establecida entre la motivación moral del que gobierna y la de sus allegados.

Por lo tanto, ¿sería posible establecer equivalencias morales entre Fujimori – Montesinos – Pandolfi y Alan García – Del Castillo – Pandolfi?

Esa es una pregunta que el propio congreso tendrá que contestar…

Roberto Pável
Jáuregui Zavaleta

Referencias Bibliográficas

[1] MAQUIAVELO, Nicolás; “El Príncipe”; Lima – Perú; El Comercio; 2000; p. 109.
[2] Loc. Cit.

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