Todo hombre tiene su precio…

La frase es un lugar común del cine norteamericano. Galdalf, Harry Potter, Leonidas (300) y el Doctor Doolitle tuvieron que probar sus convicciones ante la posibilidad de cambiar su destino por uno menos empinado. Lo menciono porque pese a la designación de Pandolfi y el escándalo de los diarios montesinistas; el desacostumbrado silencio del virtuoso Rafael Rey Rey y otros justicieros nos llega como el silencio cómplice del que otorga.