El País: Los falsos héroes del Pentágono

Veía un comercial de las nuevas galletas Club Social con sabor a Pizza. “En publicidad siempre se exagera” decía una línea del guión.

Es cierto.

Recuerdo, por ejemplo, aquel comercial de Team, en el que un viajero sediento, con ropa cubierta de polvo, labios resecos, sudor aceitoso y un pesado maletín de viaje, atravesaba un desierto; llegaba a un kiosco solitario y, cuando todos pensábamos que iba a pedir algo de beber, decía:

– “Deme un plato de cancha salada”.

Sus dientes hacían crujir la cancha, mientras que el atónito vendedor tragaba saliva viendo como desaparecían los salados y tostados granos entre esos labios resecos. Luego el viajero ponía su maletín sobre el mostrador y zas: dentro habían varias botellas de Team confundidas entre soberbios trozos de hielo. El hombre tomaba una, la destapaba y la vaciaba de un trago.

– “Ahhhhhhhhh” – Exclamaba. Cerraba su valija y se marchaba otra vez por el desierto. Entonces la voz en off, decía:
– “Team, para la peor sed”

Esa descarada exageración dio sus frutos. Hoy más de veinte años después todavía me acuerdo de Team y del plato de cancha salada.

El Pentágono ha tenido la buena intención de servir su propia versión de la cancha salada:

Comercial 1: Jessica Lynch fue capturada en una emboscada por soldados Iraquíes. Mientras que sus compañeros eran diezmados ella disparó su arma hasta gastar la última bala. Luego fue rescatada en una operación propia de la fuerza Delta de Chuck Norris.

La Verdad: Jessica Lynch ha declarado que nunca disparó su arma, que debido a las heridas no recuerda lo que pasó ese día. Fue rescatada del hospital dónde la habían llevado sin que se disparara un solo tiro, porque para cuando llegaron los soldados estaunidenses, los soldados iraquíes ya se habían marchado.

Comercial 2: Tillman murió en combate. Recibió la medalla de plata.

La verdad: Tillman murió en combate, abatido por las armas de sus propios compañeros.

El punto en todo esto es que la publicidad requiere de la mentira y la exageración para poder vender, pues bien:

¿Qué está interesado el Pentágono en venderle al pueblo norteamericano?

¿No es la verdad, acaso, mejor honra a los héroes? ¿No hubiera sido más honroso para un joven como Tillman el que se dijera que había rechazado un contrato de 2,5 millones de Euros como futbolista profesional, para pelear una guerra absurda y obtener una muerte absurda?

Tillman fue un héroe y un modelo de amor a la patria. No sé cuantos jóvenes estarían dispuestos a sacrificios de esa naturaleza. Tillman, a la vez, fue un objeto, usado como peón mientras vivía y como publicidad cuando muerto.

No encuentro mejor manera de cerrar esta nota que las propias palabras de Jessica Lynch:

“Los estadounidenses son capaces de determinar sus propios ideales de héroes y no necesitan de que les cuenten historias elaboradas”