Cuando un poeta muere, se siente que algo propio se ha olvidado; que alguna cosa faltará en los bolsillos; que un par de preguntas vagarán sin sus respuestas; o que tal vez, se acabará la mañana antes del eco largo de las doce.

Murió uno hoy…

¡Cuantas voces despojadas de palabra, como un árbol triste en las indolentes garras del otoño!

Roberto Pavel
Jáuregui Zavaleta

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Cuando encontré a Watanabe me pareció un poeta difícil de leer. Aquí un poema que destaco por el modo en que se dibuja la ternura.

EL KIMONO
“Mi padre y mi madre eran sombras
dispares
que ahora, muertas, acaso se encuentran

más.

Yo recuerdo: él le regaló un kimono
y ella lloró en silencio
porque una gracia así
no concordaba
con su amor tan austero.
En la espalda del kimono
saltaba un salmón rojo.
Sobre los hombros de mi madre, el pez
parecía subir por la cascada de sus cabellos,
hermosisímos y azulados cabellos
de mestiza:

Una bella imagen que ella no podía ver.
Dígasela usted, padre,
para que deje de llorar.”

José Watanabe