Foto: Univisión

A falta del escurridizo premio Nóbel, del cual se dice que, en cuanto a los literatos, se otorga más por méritos políticos que literarios; Mario Vargas Llosa ha recibido el “estatuífero” honor, de ver su estampa trascendiendo en el tiempo.

Ocurre que la Casa de Cera de Madrid ha incluido una estatua de nuestro compatriota en la Sala Literatura, justo entre las efigies de Antonio Machado y Federico García Lorca.

Durante el discurso inaugural Vargas Llosa habría tocado, aunque sea protocolarmente, aquello que mueve a los bloggers, poetas, escritores y demás artistas: el afán, que de algún modo, a través de nuestra obra, perduremos.

“…los que escribimos, lo hacemos, entre otras cosas, para alcanzar esa perennidad que ningún ser humano alcanza si no es por sus actos y sus creaciones”

Habría dicho el escritor. ¿Tú que crees?

Roberto Pável
Jáuregui Zavaleta