El célebre escritor peruano Iván Thays, ha publicado en su Moleskine (Ojo: con 1,600 posts) lo siguiente:

“Perú 21 insiste en levantar, a página entera, nuevas acusaciones de plagio contra Alfredo Bryce Echenique”

… particularmente, me parece que Ivan Thays se equivoca al apuntar su escopeta. El problema no es que Perú 21 “insista en levantar” acusaciones de plagio, el problema es que Bryce insiste en el plagio (o por lo menos, ha insistido mucho).

En fin, cada uno es libre de escoger sus afectos. Sin embargo, lo que causa sorpresa e inevitables sonrisas es el único comentario que aparece debajo del post. El mismo que, para información de mis lectores reproduzco literalmente aquí:

“A los comentaristas de este post:LES RECOMIENDO VER LA SECCION “ESTE BLOG” en la cabecera del Moleskine Literario. Ahí podrán ver que no pienso colocar ningún comentario que sea un agravio, anónimo o con nombre propio, contra otras
personas.
Y menos aún si esos agravios son contra un escritor extraordinario y mucho más HONESTO que la mayoría de personas que conozco, como es Alfredo Bryce Echenique.
No insistan.

IVAN THAYS “

Como se podrá apreciar, la consecuencia es una cualidad cada vez más escasa:

Si Ivan Thays escribe un Post en el que afirma o, al menos, insinúa que Bryce no ha cometido plagio; ¿la discusión no tendría acaso, necesariamente, que tratar acerca de si hubo plagio? Resulta evidente que, en ese supuesto, algunas personas esgrimirían la tesis de Iván, por la cual, Perú 21 miente; mientras que otras argumentarán a favor de la tesis por la cual Bryce sería quien no está diciendo la verdad.

Sin embargo cuando Ivan Thays manifiesta que no piensa “colocar ningún comentario que sea un agravio” y menos aún si el destinatario de tales agravios es un escritor que es “mucho más honesto” que la mayoría de personas que conoce, ¿no está anticipando que en la discusión que ha planteado, solamente es posible argumentar a favor de la inocencia de Bryce?

Eso explica porqué solamente hay un comentario (y del mismo Iván Thays).

Pero, de todo lo manifestado por Thays, lo que llama mi atención es esta afirmación:

“Y menos aún si esos agravios son contra un escritor extraordinario y mucho más HONESTO que la mayoría de personas que conozco, como es Alfredo Bryce Echenique.”

Para protección y sanidad de los menores en formación que estuvieran leyendo este blog, me veo en la necesidad de explicar el término honestidad:

La Real Academia define honestidad, como la cualidad de ser honesto. Y honesto, se entiende, es aquella persona decente, decorosa, recatada, pudorosa, razonable, justa, proba, recta y honrada.
Coincido con Iván en que Bryce es un escritor extraordinario. Me lo imagino como un sujeto extremadamente interesante, de trato afable y cálido… pero ¿honesto?

Es cierto que no es una cualidad muy común en literatura. He conocido escritores y poetas deshonestos: no pagan sus cuentas, roban libros en las ferias, engañan a sus mujeres y se emborrachan hasta quedar tendidos en el suelo. Tal vez, y lo digo con un débil tal vez, Bryce sea más honesto que aquellos.

Pero hay, además, una honestidad literaria… una orden moral que reza: “No plagiarás”; en esa perspectiva el gran escritor que no tuvo reparos en culpar a su secretaria no entra en mi ranking de los más honestos… y creo que Ivan Thays, debe andar con muy malas juntas, para que Bryce sea uno de los más “HONESTOS” que conoce.

Por mi parte, si yo tuviera que hacer el ranking de los más honestos que he conocido, en primer lugar pondría a mi padre, un humilde maestro de escuela que jamás se prestó a las mañas y cuya palabra jamás necesito de garante. Luego mis abuelos, mis suegros, mi esposa, mi amigo Frank Lamca, mi cuñado John Kuhn, mi cuñada, mi profesor Peralta (de la primaria), Jesús Cuba, mi tía Pilar, mi tío Víctor, los Dixon, etc… creo que Bryce no estaría ni remotamente en los primeros puestos.

Pero este ya es un asunto de valores, no necesariamente literario, y pretender que los demás te entiendan puede resultar, realmente, un vano oficio.

Roberto Pável
Jáuregui Zavaleta