Rodolfo Windhausen ha publicado en “El Nuevo Herald.com” el artículo titulado “Negar los Genocidios”. En la nota se hace referencia a Mario Vargas Llosa; escritor que habría calificado la tendencia de negar los genocidios como una “monstruosa estupidez”

Como bien hace referencia Windhausen, esa grotesca estupidez se extiende cada vez más mediante argumentos igualmente estúpidos. Veamos algo de lo mencionado por el periodista en la siguiente cita:

“Y sin embargo, la estupidez, que muchos consideran un mal inmanejable, se está extendiendo con asombrosa velocidad y endebles argumentos. No sólo con respecto a genocidios del pasado sino, como recuerda el mismo escritor peruano, con respecto a de buena salud. Otras monstruosidades parecidas, aunque de menor escala, se siguen cometiendo sin que al mundo se le mueva un pelo: he ahí el caso de Cuba, donde cientos de miles de personas siguen sufriendo las consecuencias del odio, la persecución política y la negación de sus derechos más elementales; o el de Turquía, donde hablar del genocidio de los armenios en 1912 sigue estando prohibido y obliga a los que desafían la prohibición a sufrir el exilio o la ignominia.

De poco sirve que existan desde hace más de medio siglo los tratados internacionales contra el genocidio y la tortura, que surgieron poco después de la Segunda Guerra mundial como respuesta de la comunidad internacional a ese terrible problema moral derivado de las guerras, en las que parece una consecuencia más (caso Abu Ghraib) de la lucha contra el enemigo, sea éste real o imaginario.

Las negaciones pueden asumir muchas formas. Vargas Llosa ha propuesto dejar a los historiadores el análisis de los genocidios. Pero, ¿qué pasa cuando los historiadores también guardan silencio u distorsionan la verdad? Así ocurre, por ejemplo, con la mal llamada ”Campaña del Desierto” de los años 1880 en la Argentina, emprendida por el general Julio A. Roca para exterminar a miles de indios de las pampas y la Patagonia. Un tema que apenas se menciona en los libros de historia argentina, casi siempre como ”mérito” de la generación de Roca.

Ocon la salvaje represión de disidentes ocurrida en los años 1970, también en la Argentina, de la que hoy prácticamente no se habla, como si hubiera bastado con hacerle juicio y condenado a prisión a un puñado de oficiales de las fuerzas armadas (en 1985) para borrar de la memoria –entre otros recursos, con unas amnistías que han venido a ser tardíamente derogadas– todo vestigio de esa atroz violencia
política”
De: Negar los Genocidios
Rodolfo Windhausen

Habría que agregar a la lista de negaciones que hace el escritor. Las declaraciones del Papa Bendicto XVI respecto a los procedimientos de la evangelización indígena en latinoamérica. Sin embargo, como se habrá podido apreciar, la calidad de los argumentos importan poco desde el momento en que los seres humanos creen en lo que quieren creer.

Lo mencionado en el párrafo anterior hace nuestra situación más preocupante. No porque existan políticas de Estado destinadas a borrar de la memoria colectiva masacres y aberraciones semejantes; no porque haya historiadores que han decidido cambiar la verdad por una existencia más placentera; no porque el Papa Benedicto XVI haya dicho que la evangelización indígena fue pacífica como el sueño de un bebé… sino porque al margen de cualquier argumento, la humanidad ha comenzado a darle la espalda a la historia para volverse hacia felices finales de cuentos de Hadas.

Roberto Pável
Jáuregui Zavaleta

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