Mientras esperaba unos clientes en la oficina tomé El Comercio y me detuve en una pequeña nota que hablaba de una tal Cleopatra Stratan, que venía arrasando en el YouTube, que daba conciertos de dos horas, que cobraba 1,000 euros por canción (El Clarín); y cuyo padre, mi tocayo y por coincidencia, también músico Pavel Stratan, trataba de colocar en el record Guines como la concertista más joven en dar un concierto de dos horas.

Fue imposible no pensar en Mozarth y Beethoven (salvando la distancia de género y trascendencia artística); en todos estos casos nos encontramos con muchachos talentosos y padres, cuyas motivaciones reales dejan un saborcillo a no sé qué. Dicen que Mozarth era un genio que dejaba a los europeos con la boca abierta; y que a Beethoven su viejo lo reventaba a palos, fiel a la creencia de que “los genios no nacen, sino que se hacen” (a palos).

Soy de los que creen que los niños menores de seis años, por lo menos, deben dedicarse a jugar como niños menores de seis años; y que a los padres les corresponde asumir las cargas de mantener el hogar. Si uno mira a fondo el asunto, más allá de la distancia entre las ganancias de uno y otro, no hay mucha diferencia entre el padre que usa a su hijo en un concierto, que el que lo usa para pedir plata en la calle… tal vez esté equivocado, pero en estos casos, percibo una línea muy delgada entre incentivo de la genialidad y abuso infantil.

Roberto Pável
Jáuregui Zavaleta

No podía terminar esta nota sin una presentación del último éxito de la gran Cleo.

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