El 01 de Junio los titulares de los periódicos nos dieron los buenos días con una noticia de “otorongos”. Resulta que la procuradoría del Congreso abriría una investigación contra la congresista aprista y trujillana Tula Benites. Soy trujillano y la cosa me parece bastante sabrosa. Por aquí se cuenta que el negocio de la corrupción en doña Tula tuvo caracter de empresa “familiar”, y que por lo menos una persona debió haber perdido su trabajo por negarse entregar un saquito de arroz para cierto individo de su cercano entorno, cuando aquel tenía cierto cargo en una institución, cuando no, pública.

La cuestión tiene sentido, nadie dice de la noche a la mañana: “hey, por qué no inventamos un empleado fantasma y cometemos unos cuantos delitos para ganarnos un sueldo extra sobre el jugoso sueldo que ya estamos ganando?”

En verdad, Canchaya, Menchola y Benites están culminando (¿?) una larga carrera de corrupción que, podríamos decir, mantuvieron en relación simbiótica con sus carreras políticas; y que nos confirma la inexistencia o la ineficacia de filtros éticos en las selección de candidatos que se ha venido haciendo ¿Cómo sujetos como ellos pueden ascender tanto en la política sin la complicidad o, al menos, con la indiferencia moral de sus propios partidos?

No creo ser el único que tenga la sospecha (una muy fuerte sospecha) que hay sinverguezas que son reclutados precisamente por su falta de escrúpulos. He visto como funciona la política universitaria y no creo que la cosa sea distinta en la política “profesional”. Recuerdo haber conversado con alguien que tuvo una reunión hace varios años, cuando recién salido de la universidad, quisieron reclutarle en un partido que se preparaba para elecciones a la alcaldía: “dinero y mujeres” fue el ofrecimiento, jamás los nóveles políticos comentaron planes de gobierno o su interés en la ciudad. El partido estaba en formación, lo que demuestra que es una falacia pensar que este es un problema de los “partidos tradicionales”… aunque es difícil en el tema que tratamos, hay que ser honestos… el problema es parte de nuestra historia.

Asuntos como estos y otros, de los que somos testigos todos los días, hacen que Gonzales Prada permanezca vigente. Sin embargo, una luz se percibe al final del tunel: Canchaya, Menchola y Benites son casos que, hasta el presente, vienen siendo tratados con inusitada firmeza por este Congreso… cómo decirlo… una vaga y lejana promesa de que “otorongo” al fin cenará “otorongo”

Roberto Pável
Jáuregui Zavaleta

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