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“El jueves pasado, republicanos y demócratas bloquearon en el Senado estadounidense una votación sobre un proyecto de ley bipartidista respaldado por el presidente George Bush, que incluye medidas como endurecer la seguridad fronteriza y legalizar a la mayoría de los 12 millones de inmigrantes ilegales en el país.”
Reuters América Latina (*)

En primer lugar, un Estado debe ser soberano para determinar su forma de gobierno, los mecanismos de protección de sus habitantes, las condiciones de admisión de los visitantes y las conductas contrarias a los bienes jurídicos protegidos. Ergo: Estados Unidos tiene derecho sobre su territorio y los atributos de su nacionalidad. Por lo tanto, sea cual fuere la motivación de los demócratas y republicanos del Senado para negarse a apoyar la reforma migratoria, su resolución resulta legítima porque se sustenta en un principio de soberanía.

En segundo lugar, el principio de soberanía implica que las políticas puedan ser revisadas conforme a los intereses (observen el sentido) de ese Estado en particular. De allí que los “diputados” demócratas y republicanos hayan apoyado la posibilidad de replantear el tema migratorio; aunque con poco éxito.

En tercer lugar, tomando en cuenta que el hombre tiene derecho a la vida, a proteger a su familia, a buscar un trabajo digno, a una libertad más plena, independientemente de la nación a la que pertenezca; es muy probable que, al margen de la ley migratoria que se ponga en vigencia, la migración esté lejos de cesar.

Como ejemplo, la absurda ley de repatriación para los peruanos inmigrantes propuesta durante el gobierno de Toledo. La verdad es que el mundo globalizado que se nos viene se hace cada vez más incompatible con las fronteras, y nunca ha tenido mucho éxito legislar contra la corriente de la historia.

Roberto Pável
Jáuregui Zavaleta