Estuve leyendo durante los últimos días varios blogs que trataban el tema de la exposición censurada de Piero Quijano. Aunque dudo que alguien se haya quedado sin conocer el asunto, se podría resumir del siguiente modo: Piero Quijano presenta una exposición de sus caricaturas políticas entre 1990 – 2007 en la Sala Mariátegui, del INC. Algunos de los trabajos causan escozor a ciertos oficiales, primero, y a “caballo loco”, segundo; por lo que son censurados por burócratas de poca cultura y menos moral, a la sazón, empleados del Instituto Nacional de Cultura (Para más detalles ver el blog de Paki)

No pensaba decir más al respecto, porque blogers más antiguos, experimentados, y versados que este servidor vuestro habían ya dicho, explicado, argumentado e ironizado tan bien sobre el asunto que decir algo más hubiera resultado innecesario.

Sin embargo, el día de ayer en El Universo.com, Alfonso Reece publicaba una nota sobre el discurso ofrecido por Mario Vargas Llosa en Quito, en el que resumía parte de lo dicho por el escritor de la siguiente manera:

“Otra fue sobre la posición del escritor frente a la libertad. Les doy mi versión que no es taquigráfica y que ha sido modulada por varios días de reflexiones. El escritor que niegue la libertad, y en particular, la libertad de expresión niega la esencia misma de su arte, de su hacer y de su oficio, que no es otra cosa que la expresión del libre vuelo de su pensamiento.

El escritor, en particular el novelista, es siempre un utopista, está permanentemente creando mundos en ninguna parte. El poder es, en cambio, siempre una topía, un lugar real, y las más de las veces, un tópico (por “vulgar y trivial”). Los escritores pueden tener posiciones políticas, pero siempre deben mantener su independencia frente a esa forma afrentosa de realidad que es el poder, quien quiera que lo ejerza. La posición crítica es la única que les cabe, la oposición es su lugar natural.

Por eso, el momento en el que un escritor se vuelve oficialista, inmediatamente la calidad de su obra decae. El mundo sutil de la creación literaria ha transigido con el peso brutal del poder. De allí vienen dos fenómenos: el odio que todos los autoritarios sienten por los escritores y la absoluta incapacidad del totalitarismo de producir siquiera literatura mediocre.”
El Universo.com/ Algonso Reece

La nota de Reece se relaciona con lo ocurrido con Piero Quijano, y con una tendencia en el arte oficial del Perú, por la que el artista que busca un apoyo “estatal” debe, además de ser artista, “franelear” al burócrata arrivista de turno, al favorito gubernamental, o al Pericles con completo de Nerón que los sufragios nos ha vestido de gobierno.

Roberto Pável
Jáuregui Zavaleta

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