“Y Paris Hilton cambió las bases del periodismo…” es un interesantísimo artículo de Tino Fernandez, publicado en Expansión.com que nos devuelve algo de lucidez sobre el poder y alcance de la frivolidad en una sociedad mediática.

Dice el autor, refiriéndose a Paris Hilton, en una parte de su artículo:

“Su película ‘Una noche con Paris’ fue galardonada por la industria pornográfica con tres premios: cinta más vendida, más alquilada y mejor campaña de marketing. Son los galardones que Paris Hilton ha recibido por su edificante trabajo. Es una auténtica celebridad que cobra por cualquier tontería que dice o hace y cuya vida, por ridícula que parezca, interesa a millones de personas. ‘The New York Times’ titulaba una información sobre P.H. la semana pasada dirigiéndose a los medios: “Cuando se le rompe una uña, vosotros ya estáis ahí”. Paris es la número uno de un negocio internacional en el que cientos de candidatos a celebridad buscan rentabilizar sus 15 minutos de gloria.

La original heredera lleva años haciéndolo: Cobra 200.000 dólares por acudir a una fiesta; es una estrella de la telerrealidad (The Simple Life), y su nombre es uno de los más buscados de Internet. Tiene una cadena de clubes en Orlando, Miami y Las Vegas, una línea de ropa, perfumes y joyas. Y hasta escribe libros. Esta ‘reina Midas’ no necesita el dinero de papá Hilton, porque ella es una fábrica de la moneda.”

Lo que nos lleva a pensar en que Paris, en cierta forma es la ciudadana “perfecta” de un gobierno con muchas cosas que ocultar; ya que en el caos de los medios y la información, Paris Hilton es, sin querer, una “cortina de humo” viviente.

Roberto Pável
Jáuregui Zavaleta

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