Parece ser que Brasil ha tomado la costumbre de presentar equipos alternativos en la Copa América; mientras que Argentina trae toda su artillería pesada; Brasil presenta sus últimos modelos en una suerte de feria de prototipos. No hay Ronaldos ni Ronaldinhos en este equipo, sino los novedosos “modelos” que han de brillar en un futuro inmediato.

Brasil puede hacerlo porque parece que sus ciudadanos tienen el gen del fútbol, y las mamás brasileñas hacen buenos futbolistas como las espartanas hacían soldados.

La cuestión se vuelve un poco aprensiva para las demás selecciones. Argentina sintió el golpe cuando Adriano empató el partido ese que desembocó en la rondilla de penales. Recuerdo que muchos comentaristas estaban dolidos por la supuesta “pérdida de nivel” que implicaba el que Brasil presentara a la Copa un equipo “C”, por lo que se sugería que en las próximas ediciones Argentina presentaría un equipo alterno también. El tiempo ha pasado y parece ser que Brasil sigue enviando equipos “C” que, pese a todo, saben llegar a las finales (Ya quisiéramos nosotros un equipo “C” con esa “fortuna”).

Por otro lado, frente a la confianza y la moral alta de Méjico, la lógica, la tradición, un sujeto llamado Tevez y un tal Messi hacen sospechar que la final podría repetirse en otra edición de un Brasil – Argentina. Particularmente, me gustaría esa final; primero, porque como sudamericano me inclino más hacia los equipos de este lado del Ecuador; segundo, porque sería una excelente oportunidad para medir la contundencia en la cancha de los Messis y demás carnes; tercero, porque ese partidito podría ser uno de esos momentos en que el destino pareciera, literalmente, al alcance de los pies.

Roberto Pável
Jáuregui Zavaleta