Durante el almuerzo recordábamos las aventuras de los cines de antaño, de los de antes que yo naciera, donde había platea, mezanine y cazuela. Historias como las de cierto amigo de algún tío político que lanzó una culebra en alcohol desde la cazuela, o como la de la vez en que fastidiados por el ruido de los adolescentes pitucos y roqueros que cacofonizaban desde la platea, algunos vindicadores sociales arrojaron, literalmente, un balde con agua y pichi recogida cuidadosamente de los baños de otro respetable cine. La reacción es obvia, no me hubiera gustado mucho estar en la platea, ni recibir la pichi… ni el balde.

Recuerdo ahora porqué mi papá, cuando era un chiquitín, me instruía acerca de los lugares “seguros” en el cine. Debajo de la mezanine te protegías de una posible lluvia de culebras, por ejemplo. Sin embargo el cuidado era vano, para esos tiempos la mezanine era más cara que la platea y la cazuela había desaparecido, consecuentemente, las culebras habían dejado de volar en las salas.

Cuando se habla de cines, obviamente, reconocemos que hay cosas que nunca cambian. El hecho, por ejemplo, de tener la suerte negra de sentarte al lado de uno de esos idiotas que aman ir al cine a contar películas. Cuentan testigos que hubo uno que recibió un taconazo en la cabeza; hecho que celebro porque soy de esos sujetos a los que le agrada que cada quien reciba su merecido.

Imposible tocar el tema sin recordar las viejas salas en las alguna vez fuimos dichosos. En Trujillo el mejor cine era el cine Perú. Estaba ubicado donde ahora funciona el Saga. Tenía una platea inmensa y en la mezanine un vestíbulo enorme alfombrado de azul marino. El ritual era más o menos el siguiente: Se apagaban las luces y se encendían unos foquitos de colores en la parte inferior del escenario. Luego música de Paul Muriat; se levantaba el telón (los cines tenían telón) y se proyectaban avisos publicitarios de negocios trujillanos en slides; luego música de los 60 y 70; después se apagaban las luces inferiores de colores y venían avances de próximas películas (todavía recuerdo con miedo el avance del Resplandor), y de vez en cuando, también había cortos de fabricación peruana.

Sin embargo los grandes cines murieron. La economía desmasificada cogió de sorpresa a Marx (quien no previó las habilidades del capitalismo para reinventarse); y sorprendió también a muchos de los propietarios… los que no se pusieron a la altura del nuevo ritmo económico para transformar sus salas únicas en multicines, simplemente agonizaron hasta morir. Tengo todavía la imagen de los últimos días del cine Perú; una noche en que en la sala habíamos cuatro personas se acercó un empleado y nos informó que pasáramos a recoger nuestro dinero porque suspendían la proyección. Resultaba más caro proyectar la película que devolvernos el valor de nuestras entradas.

El epílogo de la historia se dio cuando Cine Planet compró el multicine Primavera. ¿Habrá mejoras?… no lo sabemos, o por lo menos parece ser que el cambio tardará un poco en llegar. Hasta la fecha, lo que podemos ver es un aumento de seguridad y un aumento de precios. Seguridad, en el sentido de que se registra los bolsos de los clientes para impedir que ingrese comida no vendida por Cine Planet (habría que ver si esto no implicaría una práctica monopólica, ya que no habría ningún criterio legal válido para impedir que alguien que paga para ver una película sea impedido de comprar una gaseosa en la calle). En cuanto al aumento de precios, es poco menos que ridículo, ¿un vaso de plástico “de colección” de los Transformers más una chuchería grande (popcorn) o lo que sea S/.18.00? Allá los consumidores y aquí los que les gusta andar haciendo protestas ¿que tal si acordamos que nadie compre ni un miserable caramelo a Cine Planet hasta que se ofrezca precios respetuosos? Medidas como esta, creo pueden ser más provechosas para el Perú que bloquear trenes de turistas.

Lo que hacen con el dinero que recaudan no lo sé, por lo pronto deberían invertir en un mejor equipo gerencial ya que la información que ofrecen en su página web es distinta a la que aparece en el local del cine. Por ejemplo, en la web se decía que a las 10:00 p.m. se podría ver la versión subtitulada de Harry Potter (lo cual era lógico porque los menores no suelen ir a esas horas al cine), mientras que en la boletería se informaba que a las 10:00 p.m. se pasaría la versión doblada (lo cual de por sí es una auténtica estupidez). Este descuido demuestra la poca o mínima preocupación que tiene la gerencia de Cine Planet por los usuarios, por lo que no tampoco me extrañó que en plena proyección de Harry Potter se desprendiera un bloque del techo… afortunadamente nadie salió herido, después de todo estábamos viendo Harry Potter y la gente tenía que salvarse como por arte de “magia”

Roberto Pável
Jáuregui Zavaleta