Un sargento de los marines estadounidenses ha sido reconocido culpable de la muerte de un civil iraquí y ha sido condenado a 15 años de prisión por un Tribunal Marcial de California, según se ha aprendido de fuentes militares.

Lawrence Hutchins, de 23 años, ha sido degradado y será expulsado del Ejército una vez que habrá cumplido su pena, ahn decidido los jurados del tribunal minitar de Camp Pendleton, la más grande base de marines del mundo, que se encuentra a 130 kilómetros al sur de Los Angeles.

Hutchins es el soldado más duramente condenado por este caso, que ha visto otros siete militares juzgados. El pasado jueves ha sido reconocido culpable de asesinar sin premeditación Hashem Ibrahim Awad, un padre de familia de 52 años el 26 de abril de 2006 en Hamdania, al el norte de Bagdad.

El País.Com

Los criminales que acabaron con las vidas de miles de camboyanos bajo el gobierno de Pol Pot nunca fueron juzgados, porque no solamente tenían licencia para matar sino que debían hacerlo porque la muerte era un asunto de Estado; al igual que aquellos oficiales del ejército polaco, prisioneros del ejército soviético, que fueron masacrados por orden de Stalin durante la Segunda Guerra Mundial.

Tampoco hemos visto ese gesto de justicia en las dictaduras latinoamericanas. Fujimori y sus secuaces fujimoristas otorgaron sendas leyes de amnistía al igual que otros gobiernos totalitarios y sangrientos en la región. De manera similar que Chávez avalaba y protegía a quienes disparan y atacan venezolanos en marchas de protesta. Los totalitarismos no solamente buscan gobernar, deben derramar sangre para afirmar su autoridad.

Mientras tanto en el sistema político norteamericano es posible que un soldado del ejército vencedor sea juzgado y condenado por una corte marcial. A diferencia de las dictaduras comunistas, fascistas y en general, todos los totalitarismos en los que un caudillo (más infalible que el Papa) o un partido político (más santo que la iglesia) tienen el poder absoluto de decidir lo que se debe pensar o decir, en ciertos modelos políticos se puede aspirar a alcanzar algunos niveles de justicia; en este caso un juzgado militar norteamericano da más garantía que los jugados del fueron común del Perú.

Pretender que los sistemas políticos son perfectos es una tontería tan grande como asumir que hay un hombre perfecto. Sin embargo, hay sistemas que logran, con mayor eficacia, alguna medida de libertad, del mismo modo que hay personas con mejores hábitos que otros.

Elegir entre uno y otro, implica hacer la diferencia entre llegar a ser un ciudadano o llegar un simple objeto de la voluntad arbitraria de los falsos príncipes de la justicia social.