“Antonio Pasquali, un reputado filósofo egresado en la Universidad Central de Venezuela (UCV) y doctorado en La Sorbona de París (1957), con amplios estudios en las universidades de Oxford y Florencia, además de catedrático en materias sobre filosofía moral y comunicación social, acaba de señalar durante su visita a la ciudad de Valera, en el estado Trujillo, que: “Las cadenas de Chávez son un insulto al país … son el insulto más grande que él mismo le hace a su país”. Igualmente refirió que “hace más de 200 cadenas al año, hasta el sol de hoy ha acumulado 1.550”, y en una mención al artículo 10 de la Ley Resorte, señala que “le garantiza entrar en cadena cuando sólo levante un dedo, por ello pasará a la historia y entrará a los récord Guiness. En el mundo entero no se conoce un dictador que haya dado 200 cadenas anuales como Chávez”.

La decisión de Chávez de encadenar a medios y al pueblo toma por sorpresa, pues él solo lo decide y de improviso. Nunca antes fue un recurso utilizado por los presidentes que lo antecedieron. La utilización del recurso de las transmisiones conjuntas, se efectuaba para informar de asuntos oficiales de relevancia o por eventos de fechas nacionales, en muy corto tiempo, previamente notificadas a los canales de televisión y emisoras de radio. Esta especie de secuestro comunicativo, además, genera sustanciales pérdidas millonarias a los medios de comunicación, incluidos los anunciantes de las programaciones.

Algunos estudiosos del fenómeno encadenamiento de Chávez, acentuado en los últimos días, lo atribuyen a la necesidad de imponer su ideología, profundizar su proyecto del “socialismo, patria o muerte”, para que llegue a las masas de manera directa, efectiva y sin perdida de tiempo, de ahí, la cadena propaganda.
Y su postura ante la audiencia, es la del hombre sencillo, rustico si se quiere, cargado de buenas intenciones y sentimientos de compasión como estrategia que le permita identificarse cada vez más a los sectores más desposeídos. El hombre “pedagógico”, el maestro, que a través de sus discursos orienta sus senderos. Una manera de seducción a lo Maquiavelo: “lo importante no es ser virtuoso, sino parecerlo, lo importante no es ser pobre, sino parecerlo”.

Su astucia en lucir “brillante”, acompaña los agravios con epígrafes de hombres del pensamiento universal y el trato esmerado de su imagen (entre comillas), también es utilizado muy cuidadosamente, haciéndose pasar o sacando su origen de pobre, porque los pobres no entienden el costo de la ropa que suele usar, ni del reloj que ostenta su muñeca, por un valor, que alcanzaría y sobraría para comprarle algunas casas a esos damnificados que a diario duermen a las puertas del instituto gubernamental de vivienda. Evitando cautelosamente cualquier gesto que lo identifique con los ricos. Por ello es temático cuando dice por ejemplo, en esas alocuciones, que no toma “whisky”.

El pensador alemán Ernst Jünger, buen conocedor del proceso histórico que abarca desde finales de la Primera Guerra Mundial, hasta el nacimiento del mundo globalizado en su obra “El Trabajador”, expresó que “En última instancia, el demagogo de todos los tiempos no es un hombre de Estado, sino un publicista. El arte de gobernar va consistiendo cada vez más en producir en todas esas cosas la ilusión de la libertad; por ello es la propaganda, junto a la policía, el medio principal que se utiliza. Un buen demagogo se ufana de ser democrático”. En ello se basa el fenómeno encadenamiento de Chávez, uno de los temas en las noticias de la actualidad.”

Del Artículo: “Hugo Chávez sigue manipulando los medios de comunicación, ahora con el fenómeno del “encadenamiento”
Diario de América.com

La cuestión de que Chávez sea un sujeto parlanchín con ansias de estrellato televisivo va más allá de la simple amenaza de la libertad de escoger un programa de televisión. Me parece que ese es el enfoque más superficial, la punta del iceberg, dirían algunos.

La cuestión es que usar varias horas de casi todos los días (200 cadenas al año) para presentar y proponer su ideología política y esa particular visión de las cosas que podríamos denominar “el mundo de Hugo Chávez” vendría a constituir una amenaza directa de la libertad de conciencia, pensamiento y opinión, una manera de usar los bienes públicos para favorecer su propio partido político. En el Perú es un delito y un escándalo hacer campaña con dinero del Estado, eso no detiene a los sinvergüenzas, pero al menos tratan de hacerlo con sigilo. En Venezuela Hugo Chávez ha llevado las cosas al extremo más insólito.

Hay dos elementos que son vitales en toda dictadura: el ejercicio abusivo, ilimitado e irrestricto del poder público para aniquilar a los opositores, y el ejercicio aplastante de la propaganda y los medios de comunicación para aniquilar los pensamientos opositores. Desde Hitler hasta Alberto Fujimori y Hugo Chávez, el control de los medios ha sido fundamental.

Claro que, en este caso, a la propaganda se la bautiza con el aristocrático nombre de “ideología”