Desde hace varias semanas se anuncia en History Channel la presentación de un programa sobre la muerte de Trotsky.

El asunto Trotsky no es más que un ejemplo de cómo les gusta terminar las disputas a los autócratas. Llama la atención la respectiva dosis de traición, mentira y ensañamiento de Stalin y sus secuaces, pero lo cierto es que los dictadores (latinoamericanos o no) son particularmente mezquinos con los adversarios.

El autor directo del homicidio pasó 20 años en la cárcel por el crimen. Seguramente pensaría que era un mártir que cometía una vileza por la causa del pueblo. Hay un silogismo un tanto ladino entre justicia social y asesinato de intelectuales, pero pensar de manera distinta y decir lo que se piensa puede ser pecado mayor para los autócratas y sus creyentes.


* Imágenes Wikipedia