Nick Bryrant ha publicado en BBC. Com una breve e indispensable nota sobre la historia (¿triste, trágica, afortunada?) de Alex Kurzem:

Su historia comienza cuando comienzan sus recuerdos en la infancia: en un pueblo de Bielorrusia el 20 de octubre de 1941, el día en que el país fue invadido por Alemania.
“Recuerdo que el ejército alemán invadió el pueblo y alineó a todos los hombres en la plaza y los mató. Mi madre me dijo que mi padre había muerto y que todos seríamos asesinados”.
“No quería morir, y por eso en medio de la noche intenté escapar. Besé a mi madre y le dije adiós, y corrí hacia la colina en las afueras del pueblo, hasta el amanecer”.

Ese día su familia murió masacrada; cayeron su madre, su padre, y su hermana.
“Quedé muy traumado. Recuerdo que me mordía la mano para no llorar a los gritos, porque de hacerlo me hubieran descubierto en el bosque. No recuerdo exactamente qué fue lo que ocurrió. Probablemente me desmayé un par de veces. Fue terrible”.
“Cuando acabaron los disparos no sabía adónde ir, y me quedé en el bosque, porque no podía regresar. Fui el único superviviente. Tenía cinco o seis años”.

Tocaba la puerta de la gente y me daban trozos de pan, pero pedían que me marchara. Nadie me acogió”.
Sobrevivió robándole la ropa a los cadáveres de los soldados.
Luego de pasar unos nueve meses en el bosque, un lugareño lo entregó a la policía lituana, que luego fue incorporada a la SS nazi.
Ese mismo día estaban alineando a la gente para ejecutarla, y Kurzem creyó que le había llegado la hora.
“Había un soldado cerca de mí y le dije: ‘Antes de matarme, ¿no me daría un pedazo de pan?’. Me miró y me llevó al fondo de la escuela. Me examinó y comprobó que era judío. ‘Esto es malo, esto es malo’, dijo. ‘Mira, no quiero matarte, pero no puedo dejarte aquí porque morirás”.
“Te llevaré conmigo, te daré un nuevo nombre; diles a los demás que eres un huérfano ruso”.
Ni siquiera ahora sabe Kurzem porqué el sargento Jekabs Kulis le tuvo lástima. Cualesquiera hayan sido sus motivos, lo cierto es que un factor que ayudó a Kurzem -y a su nuevo amigo- fue su pinta de ario.
Juntos mantuvieron el secreto.
“A cada rato debía recordarme a mí mismo que no podía bajar la guardia, porque si alguien llegaba a descubrirme, era mi sentencia de muerte. Temía que los rusos me dispararan y que los alemanes descubrieran que era judío. No podía confiar en nadie”, dijo.
El joven Alex presenció las batallas en el frente ruso y fue utilizado por la SS para atraer a los judíos a su propia muerte.
En los alrededores de los vagones de carga que los transportarían a los campos de concentración, ofreció barras de chocolate a los judíos para que se subieran al tren.
Luego, en 1944, cuando los nazis comenzaron a vislumbrar su derrota inminente, el comandante de la SS lo mandó a vivir con una familia lituana. ..
Nick Bryrant
BBC.COM

Cuando uno tiene hijos ya no puede ver las cosas de la misma manera. Si yo iría a morir me sentiría feliz pensando que mi hijo sobreviviría… en fin, llega un momento en que, luego de ver la cantidad de horrores que el hombre es capaz de distribuir en la historia, es vital pensar que cada cosa tiene un propósito… y que, en algún lugar, alguien sabe la razón para seguir viviendo.