Adriano pasó a la historia como uno de los mejores emperadores del imperio romano. El reciente descubrimiento de una estatua en Turquía me hizo pensar en otra “estatua” suya, de perfección pocas veces vista. Se trata de una “estatua” de letras, una “efigie” literaria (no de piedra como la que están desenterrando los arqueólogos mientras que usted lee esta nota) de una maestría y calidad estética colosales.

En este punto se debe estar adivinando que me refiero a “Las Memorias de Adriano” de Margarita Yourcenar. El libro tiene una belleza estética y un desarrollo del personaje difícil de superar, aun por la misma autora, quien en “Opus Nigrum” no alcanzó a desplegar un relato de tan poderosas metáforas.
“Las Memorias de Adriano”, el libro que hizo que Margarita Yorcenar fuera la primera mujer admitida en la Academia Francesa es, definitivamente, un libro indispensable y necesario.