Siempre he pensado que el problema del fútbol es una cuestión de actitud. ¿En qué momento un jugador talentoso y aguerrido se vuelve un cero acomplejado e inútil? No lo sé, pero estos “jotitas” demuestran a los otros “viejos malogrados”, a esas “estrellas” de humo, que en la cancha no hay técnica que pueda reemplazar al amor propio y el respeto por la camiseta.

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