Me había propuesto no volver a escribir sobre Britney Spears. Hay varias razones para ello: (1) Aun cuando el concepto antropológico de cultura sea lo suficientemente amplio como para incluir la última danza de Britney dentro del manto de lo cultural, a veces los escrúpulos estéticos nos obligan a hacernos los disimulados; (2) Ese aspecto particular de cultura, es más bien materia de aquella parte de la ciencia denominada psiquiatría; (3) Britney me cae “gorda” (aquí “gorda” podría no ser un eufemismo)…

Pero vamos, he tenido que volver tocar el tema de Britney Spears (como seguramente volveré a hacerlo más adelante), porque más allá de que por el momento ella se haya convertido en la Diego Armando Maradona de la farándula; más allá de los inciertos dramas familiares que siembra y cosecha en abundancia; más allá que ella se haya auto clasificado como una “cerda gorda”, y las demás ironías subsecuentes, que un musulmán pretenda decapitarla resulta desproporcionado.

La información que ha llegado es que un musulmán cansado, como estamos todos, de tanta estupidez barata (y no tan barata) regada por la televisión ha decidido comenzar a ilustrar y educar al mundo acerca de lo que es correcto ver por T.V., y siguiendo las tradición de las decapitaciones de rehenes y demás yijades, habría ofrecido decapitar a Britney Spears si continua haciendo espectáculos tan vulgares, burdos, antiestéticos, mediocres y poco profesionales como aquel en el que se aplicó el sobre nombre de “Fat Pig” (“Fatty piggy” para los fans):

En un reciente libro aparecido, el grupo sentenció que las dos cantantes de origen estadounidense son “dos prostitutas que han pecado y merecen que les corten la cabeza”, asegura la publicación de reciente aparición.

Uno de los voceros de este grupo afirmó textualmente: “Si me encontrara a esas prostitutas, me gustaría tener el honor de ser el primero en cortar sus cabezas, si no cesan en extender su cultura satánica contra el Islam”, según consigna la publicación británica New Musical Express.
En: El Día.com

La verdad, me parece que estos aspirantes a “Jack el Destripador del Islam” hacen alarde de un fanatismo de pasmosa ingenuidad:

“… me gustaría tener el honor de ser el primero en cortar sus cabezas…”

Esta oración es más que una expresión de retórica contradictoria, es una muestra más de la estúpida incoherencia de la violencia.