Definitivamente, la luz debe tener algo de ofensivo; y el mito de la caverna debe ser, en cierto modo, verdadero; después de todo, al margen de fábulas y sombras, un hombre sabio debe tomar de la cicuta y un santo Cristo debe ser colgado del madero. Los pretextos siempre sobran, en un momento es una bruja la que debe arder para proteger la honra del mediocre; en otro, será el hereje quien deba de pagar el precio de haber brillado ante ojos felices de estar ciegos.

Así de llano el asunto, reduce todos los extremos a solamente dos clases de sujetos: aquellos que deban brillar inevitables y aquellos que harán el papel de hermanos asesinos.