Entiendo que para muchos, “dios” es una “idea” que puede traer complicaciones; su sola mención puede ofender a más personas que la publicación de un montón de palabrotas; porque al fin y al cabo, “dios” es un tema para bautizos, matrimonios y velorios (en ese orden preciso); un adorno de los falsos juramentos que, políticos victoriosos, proclaman antes de clavar sus dientes y uñas en las arcas públicas; “dios” es una sombra sin cuerpo, un concepto hueco, un pretexto para la barbarie y, tal vez, la mejor justificación del crimen de toda la historia… eso es “dios” para muchos, una simple palabra que encierra solamente una ocurrencia poco feliz.

Pero más allá del concepto y la palabra, más allá de la idea y la ocurrencia, podría ser que verdaderamente Dios estuviere observando el momento mismo en que escribo. Entonces, Dios no sería eco sino presencia; no silencio sino consejo; no sombras sino luz; no sería un pretexto sino una causa; no sería un medio para mis propios deseos sino el fin de toda la vida…

Es por eso que, más allá de las religiones, son los frutos de justicia los que separaran a los creyentes de los incrédulos.


Anuncios