Esta debe ser una de las más contadas en fogatas, reuniones nocturnas y semejantes.
En la versión en que me llegó, en la década de los 80, una noche de verano en un patio oscuro en la calle Da Silva, iba más o menos así:

Un taxista recoge una pasajera a la media noche. Como ella tiene frío, él le presta su casaca. Llegan a su destino, ella se baja y él promete volver a recoger el abrigo prestado.

Al otro día, descubre que la pasajera era la hija muerta del dueño de la casa, muerta hacía cuchucientos años de… bueno la causa de la muerte no importa. El hombre va al cementerio a ver la tumba y sobre ella encuentra la casaca que le había prestado.

Como todos sospechamos la historia es una invención anónima para engatusar a los ingenuos o para entretener a los ociosos. Peor, por si usted es uno de los que la tiene por moneda de buena ley, aquí tres objeciones:

1. ¿Cómo hizo la muertita para pagar el servicio de taxi? Todos sabemos que eso hubiera terminado en un escándalo mayúsculo.

2. ¿Qué taxista te ofrece una casaca? Si por último va dentro del carro… ahora aquí hay que reconocer que existen versiones en las que es un motociclista el que se lleva al fantasma luego de ensayar la última de Travolta en una discoteca; sin embargo, aun así, resulta poco creíble que no le devolvieran la casaca cuando llegaron a la casa de la difunta. Esto resulta más inverosímil que las declaraciones de Fujimori.

3. ¿En qué cementerio en el Perú alguien deja una casaca y luego la encuentra en la tumba al día siguiente? Hace unos meses olvidé mi sudadera en la cancha de Basket de la Asociación San Fernando (cancha cerrada con guardianía y vigilancia permanente) y se hizo humo en un par de horas…

Por eso en materia de fantasmas, son más reales los empleados fantasmas de la congresista Tula Benites.

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