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NOTA DE PRENSA

ÚLTIMO ADIÓS AL POETA ALEJANDRO ROMUALDO

  • La Casona de San Marcos (Parque Universitario) será el lugar donde se realizará el velorio de uno de los más importantes vates de nuestras letras.

La madrugada de hoy se tuvo la noticia del fallecimiento del poeta Alejandro Romualdo (1926-2008) en su casa de San Isidro. Al parecer, según declaraciones de sus familiares, un infarto masivo al miocardio, habría sido la causa.

Las letras peruanas, la poesía y San Marcos están de luto.

Alejandro Romualdo Valle, escritor, periodista y dibujante, fue uno de los miembros más representativos de la generación del 50. Estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (1946) y se desempeñó como profesor universitario y como dibujante de agudas caricaturas de humor político. En 1949 fue galardonado con el Premio Nacional de Poesía. Obras suyas como La torre de los alucinados (1949), El movimiento y el sueño (1971) y Edición extraordinaria (1958), que contiene el conocido poema “Canto coral a Túpac Amaru”, son un importante referente en el proceso literario peruano.

Alejandro Romualdo es una figura importante de nuestras letras y merece recibir todos los honores del caso”, expresó Federico García Hurtado, Director General del Centro Cultural de San Marcos – La Casona, quien comunicó que luego de haber coordinado con los familiares el velatorio del poeta se realizará en la institución que él dirige, el día de hoy –martes 28 de mayo- desde las 4:30 p.m. Gracias a las gestiones realizadas por su persona y por el Rector de la UNMSM, Luis Izquierdo Vásquez, la universidad correrá con todos los gastos del velatorio y el entierro. “Es lo menos que podemos hacer tratándose de este gran poeta sanmarquino que tanto ha aportado al panorama literario y cultural del país”, declaró García.

Para mayores informes comunicarse con la Oficina de Prensa del Centro Cultural de San Marcos 6197000 anexo 5207 o al teléfono 993776717.

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“Consecuente” según la realísima academia es un adjetivo que se aplica a una persona “cuya conducta guarda correspondencia lógica con los principios que profesa”. La fórmula resulta admirable aunque un tanto circular. Si nos pusiéramos teológicos notaríamos que en el universo solamente habría dos seres consecuentes, de un lado Dios, consecuente con su principio de santidad; del otro lado Satanás, consecuente con su principio de pecado. Entre uno y otro, estaría el hombre, invitablemente inconsencuente…

El ateo que se persigna antes de entrar en la piscina, el cura que embaraza una monja, el evangélico que no cree que la Biblia sea práctica, el moralista que es adicto a la pornografía, el policía de tránsito que viola el mismo Código de tránsito o el ciudadano honesto que no paga sus deudas, todos son expresión clara de la humana inconsecuencia.

Las reflexiones de Jack Sparrow en Piratas del Caribe I, pueden dar algo de luz en este asunto: “No puedes confiar en los hombres honestos; porque de los deshonestos sabrás que siempre serán deshonestos, pero de los honrados nunca sabrás cuando harán una tontería” Y en este punto puede ser que tengamos una solución entre las manos: el único modo de ser consecuente, es ser consecuente en la incosecuencia…