Cuando se piensa en seguridad ciudadana se piensa en cambiar una cerradura, en poner una alarma o en comprar un perro… y bravo. Hace unos días unos ladrones entraron en la casa de una amiga; aparentemente, el haber dejado la casa sola y la puerta sin seguro habría motivado a cuatro ladrones a apropiarse de lo ajeno.

Roscoe Pound, en su libro “Evolución de la Libertad” nos plantea una perspectiva más sobrecogedora: desde el momento en que alguien ejerce el Poder, el mayor peligro a la propiedad no son los ladrones sino el propio gobierno. Una muestra de ello podría ser la aplicación de la reforma agraria en el Perú, en la cual se cambiaron muchas haciendas productivas por papeles que hasta ahora no han sido pagados. O nuestro querido amigo Hugo Chávez que no solamente puede limitar el ejercicio de la propiedad sobre un canal de televisión sino darse el lujo de amenazar a los otros.

El asunto de Daniel Ortega (discípulo y devoto de Chavez), presidente de Nicaragua (extraña colonia venezolana)al tomar por asalto la obra del compositor nicaraguense Carlos Mejía Godoy, cantante de corte revolucionario y socialista que parece estar muriendo con el mismo hierro de la revolución. Como siempre la historia tiene varias aristas, como por ejemplo el hecho de que los gobernantes revolucionarios usurpen la propiedad privada (lease derechos de autor) de los cantantes revolucionarios, lo que es un excelente ejemplo, porque muestra que en esos contextos tal conducta no solamente no es impropia sino que es un asunto de consecuencia doctrinaria, o lo que se diría: una cuestión de principio. Otra cosa, y mucho más seria, es que el socio de Chávez habría practicado no solamente el ideal comunista de Marx sino, y en esto hay que reconocer su gusto por lo clásico, el comunismo precristiano de Platón, al haber abusado sexualmente de su hijastra en favor de la revolución:

Zoiloamérica Narváez sintió el insoportable peso de la revolución sandinista cuando su jefe, Daniel Ortega, le hizo creer que su estabilidad emocional, el cumplimiento de los deberes del líder con la historia, el destino de la revolución y de la patria pasaban por la satisfacción de sus apetitos sexuales. “Realmente llegué a creer que mi sacrificio realmente aportaba a la revolución”, testimonió la víctima. El manipulador caudillo, presidente de Nicaragua durante dos periodos (1985-1990, 2007-1212), consumó la primera violación de su hijastra en el año 1982, cuando él tenía 34 años y la niña había cumplido los 15, de acuerdo con el pliego de acusación. La adolescente desconocía hasta qué punto la denuncia de los ultrajes, presentada ante los tribunales hace 10 años, en junio de 1998, iba a determinar el futuro del empobrecido país centroamericano y el curso de una revolución, internacionalmente aplaudida cuando derrocó al dictador Anastasio Somoza, en 1979, pero malograda después por el autoritarismo, los cismas, la corrupción y las vilezas de la condición humana.

Fuente: El País

Hasta este punto resulta notorio que la democracia es más que elegir al dictador de turno como suelen suponer los demócratas Evo, Ortega, Chávez y demás colonos bolivarianos, sino vivir en un marco de reglas mínimas que garanticen la libertad de ser, la libertad de hacer y, obviamente, la libertad de tener. Así de simple.