José Vales corresponsal del Universal, reflexiona acerca de las posibilidades y consecuencias de una probable reelección de Uribe. En su artículo (“Uribe y las lecciones de la historia”) nos plantea la mala racha que han tenido los gobernantes latinoamericanos en esas aventuras:


La liberación de Íngrid Betancourt llegó en el momento político más apremiante para la administración Uribe: cuando la justicia amenazaba con invalidar las elecciones de 2002 y la oposición se preparaba para frenar otro cambio constitucional que le permita una segunda reelección.

Luego de la operación Jaque, las acciones electorales de Uribe se dispararon. El encantamiento de los colombianos con su presidente es total. Y la situación es por demás singular si se la compara con otros casos de la región.

En 1995, Perú dejaba atrás la etapa de la violencia y Alberto Fujimori era reelecto, gracias a la estabilización de la economía y a que terminó con la guerrilla maoísta de Sendero Luminoso. Cinco años más tarde, el fujimorato tuvo que apelar al fraude y a la represión para perpetuarse en el Palacio de Pizarro. Aquel tercer mandato duró dos meses y el hoy reo más famoso de Perú terminó huyendo del poder.

“El de Perú es un espejo en el cual Uribe debería mirarse”, opina el ex candidato a la presidencia colombiana Carlos Gaviria.

En: El Universal

Tal parece que en la política como en las películas las secuelas suelen ser de baja calidad (salvo rarísimas excepciones). Por otro lado, el despedirse con altos índices de popularidad podría permitirle volver a tentar la presidencia con grandes posibilidades, ya que sería un candidato con currículo. Parece ser (poniéndonos un tanto fatalistas) que las alternativas de Uribe se reducen a dos: escoger entre salir como un héroe y volver como un mesías; o quedarse como mesías para ser tratado como Judas.