Las Csárdas de Monti es uno de los recuerdos músicales más queridos de mi infancia (casi tanto como la Quinta Sinfonía de Beethoven), en ella las cuerdas del violín expresan ideas que tocan definitivamente el corazón. Esta versión en vivo no es una de las mejores que he oído, pero esa “conversación” entre el violonchelo y el violín es encantadora.

Sobre el género:

“El Csárdás (pronunciado [ˈt͡ʃaːrdaːʃ], “char-dash”) es un baile tradicional húngaro. Es original del país y fue popularizado por bandas de música romaníes en Hungría y en las zonas vecinas de Voivodina, Eslovaquia, Eslovenia , Croacia, Rutenia
carpatiana
, Transilvania y Moravia, así como entre los bánatos búlgaros, incluidos los residentes en Bulgaria.[1
Sus orígenes se remontan a los verbunkos húngaros del siglo XVIII, utilizados como baile de reclutamiento por parte del ejército húngaro.
El Csárdás se caracteriza por una variación en el tempo: arranca de forma parsimoniosa (lassú) y termina en un tempo rapidísimo (friss, literalmente “fresco”).
Hay otras variaciones del tempo, llamadas ritka csárdás, sűrű csárdás y szökős csárdás. La música es en compases de 2/4 o 4/4. Los bailarines son hombres y mujeres, yendo estas vestidas con tradicionales faldas amplias, habitualmente de color rojo, que conforman una forma peculiar cuando giran.
Algunos compositores clásicos han utilizado los temas del csárdás en su obra, como por ejemplo Emmerich Kálmán, Franz Liszt, Johannes Brahms, Johann Strauss, Pablo de Sarasate, Pyotr Ilyich Tchaikovsky y otros. Probablemente el csardas más conocido es la composición epónima de Vittorio Monti escrita para violín y piano. Esta virtuosa pieza tiene cinco variaciones de tempo.”