No puedo ser un héroe de la patria

En la plaza mayor, en el acantilado donde alumbraba el faro
y ahora quedan ruinas, en cada patiecito
está el lugar que elegí para mi estatua.

Ni de mármol ni piel viva ni madera
levántenla para que nada conmemore.

Que mi caballo dé vueltas perennes hasta reventar.
Que todos los perros de la ciudad ladren mi hora de ajusticiado.

Enciendan fuego al principio: amen su voracidad, sus ojos
fosforescentes.
Cultiven sangre, pelos, colmillos
sin saber para qué.
Envejezcan conmigo.
Vengan menos de ustedes cada año
y cuando al final, incrédulos, decidan expusarme
no voy a regresar.

Duden, que en la duda está el temor.
Y el temor en la plaza, en las luces marchitas del faro,
en cada patiecito.

De: No te Levantes Hoy Censor
Imagen: “El Faro” de Fabian Pérez

Leer más sobre Poesía en Puntos de Vista

Anuncios