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“Para el lacayo no puede haber hombres grandes, porque el lacayo

tiene su propio concepto de grandeza”
Leon Tolstoi
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Don Benedicto XVI, vicario absoluto, Sumo Pontífice, Jefe de Gobierno y conocedor profundo de la historia universal, se deja llevar por el alma provocadora del claustro universitario y cita a un emperador bizantino (Manuel II Paleólogo), reflexionando sobre los dudosos aportes de Mahoma a la humanidad en los siguientes términos:

“…solamente cosas malvadas e inhumanas, como su directiva de difundir por medio de la espada la fe que él predicaba…”

Los musulmanes, alcaedas y demás balnearios, se sienten naturalmente ofendidos, porque como todos sabemos, no hay cosa que ofenda más que la verdad. Caramba, decir esas cosas del Islam, Alá y mahoma, su profeta; era ofensa y de las serias. Seguramente sus pacíficas almas habrán pensando, “¿Qué nosotros hemos hecho cosas malvadas e inhumanas?… si solamente quemamos la biblioteca de Alenjandría, invadimos el norte de África, España, Asia menor, Constantinopla, secuestramos a los atletas israelíes, hicimos travesuras en un tren en Espala… ah! ¡Y nos bajamos las Torres Gemelas!”

Es comprensible la indignación del pueblo musulmán, expresarse de ese modo del Islam era tan ruin y calumnioso como hablar mal del mismo Gandhi (que no era musulmán, pero seguro tan pacífico como Mahoma). Supongo que en ese momento habrán pensado: “¡Hey! ¿Qué es lo que un pueblo pacífico y devoto como nosotros haría frente a un ataque de esta naturaleza? ¿Qué es lo que Gandhi, Buda, o Jesucristo habrían hecho en esta situación?”… Y zas, 16 iglesias católicas quemadas y una religiosa voluntaria muerta han ayudado a la humanidad a entender que Manuelito II alias Paleólogo está completamente “pasado de moda”.

Como vemos, las cosas están claras… excepto por una cosa. Si don Benedicto XVI , don Manuel II y demás números han dicho la verdad, ¿porqué disculparse? Decir la verdad le costó la cabeza a Juan el Bautista, malos ratos a Jeremías, una muerte doloras a Isaías, el martirio a Esteban, no recuerdo que ninguno jamás se haya disculpado por decir lo que tenia que decir.

Pável Jáuregui

“El dinero no cambia a los hombres, sólo los desenmascara. Si un hombre es egoista, arrogante o avaro por naturaleza, el dinero lo revela, eso es todo”

Henry Ford

Fraternal es parte del poemario “Tratados”, escrito entre 1999 y 2,006. Precisamente este poema corresponde a la etapa temprana de la composición del poemario. Puedes encontrarlo en Poesía Propia… (Leer poema en: http://www.tresblas.blogspot.com)

Lógicamente el ateismo y el teismo son cuestiones de fe. Digo lógicamente debido a que, según las reglas de la lógica, no se puede descartar la existencia de Dios por la imposibilidad científica de su demostración, así como tampoco es posible afirmarla usando como prueba la imposibilidad de demostrar su inexistencia.

Ante ese estado de limitaciones probatorias, decir que Dios existe o decir que Dios no existe se reduce a una cuestión de “aficiones”. Quien afirma la existencia de Dios y quien la niega, en realidad, no afirma ni niega algo sobre Dios, solamente afirma una “simple” creencia. De modo que tanto la religión como la ausencia de religión tienen un origen común: la fe.

Considero que el ateismo es una necedad en general. Sin embargo, de todas las formas de ateismo que he encontrado, la más estrafalaria e irracional, es aquella que tiene su punto de partida en Nietzsche y la alucinada teoría del superhombre.

“Dios ha muerto” y “el superhombre”; “el hombre es, al fin y al cabo, su propio dios” son frases comunes en ese enfoque. Cuando un ateo dice que Dios no existe, se funda en la falta de evidencia empírica. Dios, al ser excluido como objeto de ciencia, queda excluido también de la lista atea de cosas existentes. Por mi parte, tendría reservas en creer en un Dios susceptible de ser objeto científico, claro que eso preocupa poco al reflexivo ateo, a él únicamente le interesa dejar en claro que sostener una fe en Dios es irracional debido a que no hay evidencia científica.

Sin embargo olvida aplicar el mismo criterio cuando se trata de analizar el mito del superhombre. Basta con leer los periódicos para descubrir que la idea del superhombre no tiene ninguna evidencia empírica. La historia del hombre es una historia cruel de voracidad y ambición. Nadie ha escapado a la verdad de su propia corrupción, no hay hombre que no haya sido atacado por la vanidad, el rencor, la envidia, la codicia o el egoísmo. Esos mismos ateos, devotos del superhombre, son criaturas atrapadas en sus propios vicios de hombres vulgares y corrientes.

Hace unos años César Hildebrant presentó un reportaje a un grupo de ateos selectos, uno de los argumentos mencionados contra la existencia de Dios decía más o menos así:

“Yo no puedo creer en Dios, porque si Dios existiera no permitiría este mundo de mierda”

Lo interesante es que ese argumento contra Dios, viene al “superhombre” como anillo al dedo, ya que si el mundo es un “mundo de mierda”, lo es gracias a la actividad humana. Es el hombre el encargado, cada día, de darle ese acento fecal a la existencia. Es él quien te roba, quien te pide coimas, quien se copia en los exámenes, quien falsifica documentos para obtener visas, quien ha desatado las persecuciones religiosas, quien ha emprendido todas las guerras; quien fabrica bombas, quien invade países, quien destroza la vida, quien no paga salarios, quien evade tributos, quien engaña, quien deja hijos sin reconocer, quien mantiene las cárceles llenas y los orfanatos sin abasto, y quien anda buscando hacer más grandes sus particulares beneficios…

No, no puedo creer en el superhombre por la misma razón que los ateos niegan a Dios, porque si el superhombre fuera posible, no existiría este “mundo de mierda”.

Fe racional o fe irracional, a eso se reduce la cuestión. ¿Qué es más racional, creer en Dios o creer en el Superhombre?

Para algunos lo racional es decir que Dios ha muerto y seguir el autoengaño del superhombre, lo que en realidad es un pretexto para hacer cuanto deseen abandonando el último freno de la conciencia (los Nazis partieron de la misma idea). Para mi lo racional es reconocer que el hombre ha muerto, que cada día vemos sus cadáveres viviendo falsas vidas, llevando su podredumbre donde quiera que esparcen sus pisadas; para mi lo racional es, al fin y al cabo, buscar a Dios mientras puede ser hallado.

Roberto Pável

Jáuregui Zavaleta

Desde siempre he tenido la percepción de la permanente oposición entre naturaleza y cultura.
La cultura no comprende lo natural. Se horroriza ante los métodos y procedimientos naturales; mientras en el mundo natural los débiles, los ancianos y los enfermos son eliminados; el hombre, por su lado, busca prolongar la vida de los miembros de la sociedad más desprotegidos.
La naturaleza no puede asimilar lo cultural (conducta y obra humana), la cultura quebranta el frágil equilibrio biológico; destruye ecosistemas y, en general, trastorna el orden natural.
Lo fatal de esta oposición es que mientras la cultura aniquila lo natural, destruye su propia fuente de sustento y continuidad biológica. Desde esta perspectiva la cultura tiene la forma de un “geno – suicidio”: Toda la obra del hombre, en suma, se podría reducir a un solo acto de autodestrucción.

Hace un par de días se me presentó un modo distinto de ver el asunto. Podría ser que la visión de la oposición cultura – naturaleza, con su catastrófico final, sea consecuencia de una visión lineal de la historia. La cuestión es ¿y si la historia, como la misma naturaleza, fuera cíclica? En ese caso la oposición entre lo cultural y lo natural sería no una historia de autodestrucción sino una historia de renovación.

Del mismo modo en que la luna se renueva, al menos en un sentido perceptivo, la naturaleza misma estaría atravesando un proceso de renovación, por el cual la naturaleza consciente (cultura) reemplazará a la naturaleza inconsciente (animal, vegetal). En esta perspectiva la extinción del mundo natural como lo conocemos, no necesariamente implicaría el fin de la humanidad, sino simplemente la extinción de todo aquello que no pueda ser asimilado en el orden cultural.

Hace un par de minutos se me presentó otro modo de pensar estas cosas:

Podría ser que la visión cíclica de lo natural fuera solamente una falsa percepción. Del mismo modo que la renovación de la luna es un invento de la imaginación humana (todos sabemos que físicamente la luna no se renueva), podría ser que todos los ciclos naturales sean simplemente eventos inconexos sin relación de causalidad alguna; es decir que, a la larga, se trataría de una ilusión cultural, en virtud de la cual, todos los ciclos percibidos serían falsos ciclos, y por lo tanto, la concepción cíclica de la vida y la naturaleza, no sería otra cosa que el autoengaño que sustentaría y permitiría nuestra autodestrucción; la sensación de invulnerabilidad para hacer más fácil nuestro camino hacia la muerte segura.

En este último caso, nuestra destrucción sería igualmente inevitable.

Roberto Pável Jáuregui


“La pena de muerte sería volver a la barbarie”… he aquí una frase llena de vigor, retórica y falsedad.
No la comparto ni me dejo impresionar por ella por la sencilla razón de que jamás hemos salido de la barbarie. Cuando salgo a la calle me encuentro con la barbarie por todos lados, en el tránsito, en los periódicos, en los secuestros al paso, en los secuestros de niños, en todos los secuestros, en las violaciones, en los asesinatos de cambistas, en los asesinatos de obreros, en todos los asesinatos, en nuestra mediocre literatura regional, en el seguro social, en las esquinas, en las veredas, en la Policía Nacional del Perú, en el Poder Judicial, en la Dirección Regional de Educación, en el Instituto Nacional de Cultura, en el Colego de Abogados, en las disputas “espirituales” de la iglesia evangélica y en las paganas procesiones de la Iglesia Católica Apostólica y Romana.
La barbarie es el medio en el que vivimos y en el que hemos crecido. La barbarie nos lleva a excarcelar delincuentes y asesinos; y nos hace defender la vida de quienes aniquilan nuestros hijos y nuestras familias.

¿Y cómo lo hace? Una sola palabra: Hipocresía

La barbarie en el Perú se ha disfrazado de hipocresía. Los grandes juristas se rasgan las vestiduras haciéndonos creer que luchan por la razón y por el Derecho. Sin embargo, durante años han permitido el envilecimiento de nuestra administración de justicia manteniendo uno de los sistemas judiciales más absurdos y corruptibles, no del mundo, sino de la historia; los prelados de la Iglesia, se rasgan las vestiduras en defensa de la vida, cuando hasta hace unas décadas la tortura, la muerte y la Inquisición eran sus métodos favoritos de esparcir el evangelio; finalmente grandes e insignificantes hombres de letras y artistas de diversa índole han enarbolado la “bandera de la vida”, y buscando dorarse con un poco de mística y altruismo marketero y civilizado, han salido ha emitir sendos pronunciamientos contra la pena de muerte; porque esa es la manera más fácil de pasar por intelectual y hombre racional.

Todos le dicen “no” a la pena de muerte y aparentan ser hombres de una constitución más allá de las bajas pasiones. Sin embargo lo único que demuestran es que son hombres cuyo pensamiento está más allá de la realidad.

La verdad es que la pena de muerte existe en el Perú y ha estado vigente desde siempre. La pena de muerte está vigente sobre los indefensos, sobre los trabajadores, sobre las gentes de bien, sobre los cambistas, sobre los niños, sobre todos aquellos que no usamos armas, sobre todos aquellos que trabajamos para lograr un futuro mejor para nuestras familias. Es una pena rápida y sumaria, porque el criminal encargado de su ejecución no requiere de un juicio previo, ni testigos, ni pruebas, su única razón es su propia codicia o sus deseos corrompidos. Esta es la pena de muerte que está vigente también sobre nuestros hijos, no consiste en la eliminación simple de la vida, sino su destrucción dolorosa y cruel.
Como dije antes, no es posible que la pena de muerte sea una vuelta a la barbarie, porque la barbarie convive con nosotros diariamente en su forma más terrible: la impunidad.

Roberto Pável Jáuregui Z.


El 15 de Marzo del 44 a. C. senadores romanos asesinaron a Julio César. El 28 de Junio de 1914, Gavrilo Princip asesinó al archiduque Francisco Fernando y su esposa Sofía en la ciudad de Sarajevo. El 11 de setiembre del 2001 un atentado masivo destruyo el World Trade Center y parte del Pentágono, en lo que sería el atentado más chocante de todos los tiempos.

Los senadores romanos pensaban salvar la República cuando cometieron ese asesinato. Resulta curioso que la túnica rasgada y manchada con la sangre de César, le diera a Octavio el apoyo del pueblo romano para desencadenar la guerra que finalmente terminaría con la institución republicana. Octavio sería recordado ahora como César Augusto, el primer Emperador y La República que se buscaba perennizar habría muerto para siempre.

Gavrilo Princip asesinó al Archiduque Francisco Fernando, buscando asegurar la grandeza e independencia de Serbia; a la postre provocó la guerra más destructiva de la historia hasta esa época. La participación de Rusia como protectora de Serbia, desestabilizó considerablemente el gobierno zarista en crisis, siendo esa, una causa identificada de la Revolución y del fin del Imperio Ruso. El gobierno soviético resultante, ejercería una poderosa influencia sobre Europa del Este, de tal modo que después de la Segunda Guerra Mundial Serbia habría perdido su soberanía y autonomía, para conformar la República Socialista Federal de Yugoslavia.

El 11 de Setiembre cerca de 3,000 personas murieron en un ataque dirigido al corazón de los EE. UU. El atentado tenía como objetivos el Pentágono, el Centro Mundial de Comercio y la Casa Blanca, y fue llevado a cabo por el grupo fundamentalista Al Qaeda.

Fundada en 1980, con ayuda de EE UU, para oponerse a las fuerzas soviéticas en Afganistán, Al Qaeda hacía caer en el 2001 su destrucción y odio contra su propio mentor. El resultado fue la invasión de Afganistán, la destrucción del gobierno Talibán y la Segunda Guerra del Golfo.

He querido recordar de un modo superficial tres atentados que han marcado la historia. Trato de encontrar puntos comunes, alguna pista que nos permita entender el presente:

Tanto César, como el Archiduque, como la CIA conocían la existencia de complots para la realización de todos estos atentados. Sin embargo nadie hizo nada para impedirlos.

En los tres casos, quienes participaron de los hechos obtuvieron resultados muy distintos a los que querían lograr. Los senados, en realidad, terminaron con la República; Princip inició el camino que llevó a Serbia hacia su desaparición como nación al ser absorbida dentro de Yugoslavia; Al Qaeda propició la invasión de Afganistán, país cuya defensa había sido la razón de su fundación.

De los tres casos resultaron guerras que afectaron significativamente el mundo político y la historia. La República fue sucedida por el Imperio Romano. Los Imperios Ruso, Austriaco y Alemán dieron lugar a repúblicas democráticas y gobiernos comunistas que determinaron el surgimiento de la Guerra Fría.

La cuestión es, ¿a dónde nos están llevando los actuales conflictos?

Sabemos que la Guerra que comenzó en Afganistán se ha extendido a Irak, pero no sabemos donde terminará todo esto.

Dada la coyuntura actual, y el testimonio del pasado; más allá de la consternación que nos provocan las heridas aun no cerradas, cabría preguntarnos válidamente hacia dónde vamos; preguntarnos si el 11 de setiembre fue una simple matanza sin sentido y sin ninguna relevancia, o preguntarnos si fue el más terrible detonante de un futuro rodeado de incertidumbre.

Roberto Pável

Unos 30 millones de soles (US$9.25 millones) perdió la minera Yanacocha como consecuencia de los cinco días de paralización de actividades por el conflicto con la comunidad de Combayo, según el vicepresidente regional de operaciones de la empresa, Carlos Santa Cruz.
“La actividad colateral de la minera ha resultado afectada donde es más difícil cuantificar las pérdidas, porque se trata de contratos y retrasos en los envíos de materiales”, refirió.

(Diario Correo, 06 de Setiembre de 2006)

Pero la decisión del Poder Judicial peruano fue el resultado de presiones políticas. Inicialmente, la justicia peruana había fallado a favor de la estadounidense Newmont en dos ocasiones. Pero, en 1997, la Corte Suprema volvió a abrir el caso al mismo tiempo que el gobierno francés ejercía intensas presiones sobre el gobierno peruano. La New York Times asegura que hasta el presidente francés, Jacques Chirac, se inmiscuyó en el asunto escribiéndole al entonces presidente peruano, Alberto Fujimori.

(http://www.perupolitico.com/?p=127)

“Hay un alto porcentaje de las recomendaciones que han sido implementadas en un orden del 80% que equivale a 240 recomendaciones que están, o en un proceso avanzado, que quiere decir que no les falta mucho para completarlas o que están completamente implementadas”, expresó el funcionario de la firma colombiana Ingetec que presentó el último viernes en los ambientes del Gran Hotel Continental, el informe de verificación del cumplimento de estas recomendaciones.”

(http://www.cajamarcaperu.com.pe/portal/index.php?option=com_content&task=view&id=907&Itemid=2)

Hace 10 años (agosto 1993) Fujimori exhibía la primera barra de oro obtenida por Minera. Antes éramos el cuarto departamento más pobre del Perú, hoy somos el segundo. Terceros en desnutrición (Encuesta Nacional de Hogares. INEI 2001). El distrito de la Encañada (donde se encuentra ubicada Minera Yanacocha), hace diez años que sigue siendo muy pobre. La desnutrición crónica alcanza niveles que van desde el 67% al 85%, TBC (24% en sus zonas más pobres). Yanacocha es la empresa número uno en Latinoamérica, Newmont (accionista principal, la dueña real para muchos) es la empresa de oro número uno en el mundo. Irónicamente tenemos en Cajamarca: más pobreza, distorsión de precios y encarecimiento del costo de vida. ¿ Cuál desarrollo, dónde, cuáles son sus indicadores y fuentes de verificación?

(http://www.cajamarca.de/mine/mentiras.htm)


¿Es la riqueza ajena razón suficiente para tomarla?

Pensar en el tema Yanacocha implica la consideración de dos cuestiones básicas: El Derecho de Propiedad y la redefinición del concepto de la peruanidad.

En el primer caso, si un grupo de individuos resultan tener derecho a gozar de beneficios y utilidades por el simple hecho de vivir cerca de donde se está generando riqueza; entonces queda justificada la afectación de la propiedad por cualquiera, con la única condición de que se exhiba un certificado de pobreza. Un sujeto podría acercárseme por la calle y pedirme una pensión de alimentos para su familia usando como único fundamento el tener magros ingresos. Tal posición es absurda, por lo menos para todos los casos, salvo que quien va a ser afectado con la medida sea Newmont – Yanacocha.
Quienes salen a “defender” la patria entorpeciendo la actividad de la minera creen tener derecho legítimo a la propiedad ajena. Me pregunto si creerán con la misma intensidad que los terceros tienen derecho a sus bienes particulares.
La cuestión es que ellos parten de un criterio: “defender lo nuestro”, la cruzada por obtener beneficios ajenos se transforma en una cruzada por la “peruanidad”. Y ese es el segundo concepto comprometido:
Quienes protestan contra la minera piensan que protegen nuestra peruanidad, piensan que están luchando contra el extranjero que ha venido a llevarse nuestra riqueza (riqueza que es entendida como recursos naturales). En principio los recursos naturales no son riqueza, son simplemente recursos naturales. Recuerdo el caso de un “rico” titular de un denuncio minero con el que tuvimos que tratar años atrás. El hombre tenía concesiones mineras sobre un enorme yacimiento, literalmente era una montaña de hierro. Nuestro Estudio asesoraba un contrato de compra del mineral para una compañía canadiense. El negocio nunca se realizó, porque ese hombre “rico” no tenía medios para llevar el hierro hasta un puerto utilizable sin elevar los costos por encima del precio internacional. Pocos saben que en el Perú hay sectores de la industria que se ven afectados por la pobre infraestructura portuaria, además de un universo de trabas formales.
No son los recursos naturales la fuente de la riqueza, ni tampoco la inversión extranjera la fuente de nuestra pobreza.
Ocurre que en el Perú existe una leyenda urbana que se resume en la siguiente expresión: Somos pobres porque los chilenos han abierto el Saga y el Ripley; o porque una empresa minera extranjera tiene un lucrativo negocio de oro que deja al Estado algo de 244 millones de dólares en impuestos.
Como contraparte ninguno de los nacionalistas y luchadores sociales que han salido a interrumpir las actividades de la empresa minera, producen siquiera 1,000 dólares en impuestos para el Perú.
Las cifras son claras: la mayoría de empresas peruanas son informales, no pagan impuestos ni pagan beneficios sociales a sus trabajadores. Simplemente se dedican a lucrar sin dejar nada a la preservación o mejoramiento del Estado. Estas empresas de bandera nacional son las que mantienen en zozobra a la mayoría de la población trabajadora, pagando salarios por debajo de los mínimos legales y evadiendo sus responsabilidades tributarias.
Me parece que, al fin y al cabo, la mejor cosa que podríamos hacer en defensa de la patria y de la peruanidad, antes de salir a bloquear carreteras, es comenzar por asumir nuestros deberes como verdaderos peruanos. Que los taxistas comiencen por respetar el tránsito; que los afiliados al SUTEP comiencen por someterse a verdaderas evaluaciones de capacidad; que los empresarios “chicha” paguen sus impuestos; que los agricultores destinen verdaderamente los financiamientos obtenidos a la agricultura; que los usuarios del Banco de Materiales devuelvan los créditos para que otros usuarios puedan acceder a similares ventajas; que los contratistas encargados de ejecutar las obras públicas, cumplan con lo establecido en los contratos y que dejen de “amarrarse” con los funcionarios del Estado encargados de su supervisión; que la policía deje de pedir plata; que los jueces y vocales corruptos sean verdaderamente castigados; que el Ministerio Público obre con inteligencia; que… en fin, luego de que todos hayamos comenzado por cumplir nuestras responsabilidades como peruanos, podamos percibir el verdadero camino de la prosperidad y la riqueza: el cumplimiento de nuestros deberes, el trabajo y la libertad.
Roberto Pável